Vivimos tiempos en los que la experiencia no tiene buena imagen

Reflexiones del escritor y creativo publicitario español Miguel Ángel Furones, ex Director Creativo Mundial de Leo Burnett Worldwide, una red con 96 agencias de publicidad en 94 países y actual Presidente no Ejecutivo del Grupo Publicis Communications en España.


Por Omar Romano
:: Europa ::

Saber lo que hay que saber

Más aún, llega incluso a verse como una rémora para adaptarse a lo nuevo, para comprenderlo y manejarlo. Es algo irónico. Porque hasta hace poco, el problema para incorporarse al mundo laboral era, precisamente, la falta de experiencia. Y ahora, de repente, sucede justo al revés. Especialmente cuando se asocia con una edad en la que el mercado te expulsa antes de lo previsto.

Términos como la jubilación anticipada (o el early retirement, que queda más fino) han entrado a formar parte del léxico cotidiano de las grandes compañías para amortiguar la rudeza de lo que está sucediendo. Por eso conviene analizar, al margen de las modas o los intereses empresariales, de qué sirve (si es que sirve de algo) la experiencia.

Para ello, hay que considerar dos palabras clave: el saber y el conocimiento. Respecto al primero, es importante entender que en cualquier aspecto de la vida la experiencia no consiste en saber, sino en saber qué es lo que hay que saber. Eso es lo que marca la diferencia y lo que le permite a una persona con experiencia transmitir ese saber específico a los que no lo poseen. Porque si no, podemos encontrarnos con la paradoja que siempre produce la cultura inconexa. Es decir, que sabiendo más, sepamos menos.

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