Trabajar para que la vejez sea una etapa digna y feliz

En el Hogar Marín de las Hermanitas de los Pobres, los adultos mayores y las religiosas que los cuidan forman "una gran familia"

Por María Ayuso | Para LA NACION

Fue un 31 de octubre. Nuncia Rodríguez recuerda la fecha exacta, como si fuese la de un cumpleaños inolvidable. Ese día, hace 10 años, llegaba al Hogar Marín de las Hermanitas de los Pobres, en San Isidro, para quedarse. "Vine por una gran necesidad", admite Nuncia, de 88 años, que hace poco sufrió de una polimialgia que la tuvo a maltraer. "Me había quedado sola en casa. Soy viuda y mi hijo y mi hija tienen sus familias. Mi hermana se enteró de que existía este hogar y me dijo: «¡Qué bien te vendría!»", recuerda.

Durante un mes, visitó el lugar para ver si se adaptaba. "Siempre había vivido en departamento. ¡Vivir acá era un cambio grande!", dice extendiendo los brazos por encima de la silla de ruedas que usa para trasladarse, en un intento de abarcar con el gesto la inmensidad del edificio y el parque que lo rodea. "Pero lo esencial y primordial es el trato de las hermanitas. ¡Ellas no podían abrir más los brazos para recibirme! Eso era para mí lo más importante. ¿De qué sirve estar bien atendido si el trato es frío? -pregunta con una sonrisa-. Ya no podría vivir fuera de este hogar... Acá, una se siente amparada, custodiada." En Beccar, San Isidro, el Hogar Marín de las Hermanitas de los Pobres tiene cuatro años más que Nuncia.

En 1907, antes de su fundación, Plácido Marín, conmovido por la vocación de aquellas religiosas, había donado un terreno y una casa en La Plata para el primer hogar de la congregación en la Argentina. Más de una década después, su hermano Emilio impulsó la creación de un segundo hogar en su propiedad de San Isidro. "Ante todo, vemos al anciano: buscamos dar vida a los años de quien toca a nuestras puertas", explica la madre Blanca, oriunda de Medellín, Colombia, y responsable del hogar desde hace cuatro años. "Somos una familia. Por eso, todos conocen las cuestiones de la casa: las hermanitas no actúan sin los ancianos." Las religiosas, reciben a mayores de 70 de bajos recursos. "La casa es un hogar y los cuidamos hasta el final.

Muchos llegan solos, otros lo hacen derivados por un trabajador social o a través de un hospital, donde no saben qué hacer con ellos. Aquí, son bienvenidos", dice la Madre Blanca. Cuando llegan por un familiar, suele tratarse de "cuadros familiares muy críticos". En el hogar, no se exige una remuneración por los cuidados. Las monjas les preguntan a las familias si tienen alguna posibilidad de colaborar y las que pueden, lo hacen. Pero su obra se sustenta en gran medida con las donaciones. "La casa es grande y las necesidades son muchas, tanto de donaciones como de voluntarios: faltan manos", afirma la Madre Blanca. Desde su creación, en 1922, en el hogar vivieron unos 5000 ancianos. Para la Madre Superiora, esa cifra es testimonio de que a los adultos mayores allí "se les alarga la vida".

· El Hogar de Ancianos Marín precisa de donaciones para refacciones básicas y de voluntarios.
· Quienes deseen colaborar, pueden llamar al (011) 4743-5656.
· Más información:www.hdlp.net/sanisidro..

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Fuente: http://www.lanacion.com.ar/