Permacultura: agricultura más sustentable y perdurable en el tiempo

La cultura permanente propone una reversión de la agricultura moderna y un uso ético de la tierra y los recursos. Cómo este sistema puede ser permanente con menos desgaste y mayor optimización.

La permacultura es un sistema de diseño para la creación de ambientes humanos sostenibles. Su enfoque principal es la disposición y optimización de los elementos naturales y no naturales y la relación entre ellos para hacer un uso plenamente consciente.

La definición de la palabra es una contracción de “agricultura permanente”, y también de “cultura permanente”, ya que su objetivo es formar una agricultura sostenible y perdurable en el tiempo con la ética del uso de la tierra como pilar.

Con eso, esta “reversión” de la agricultura industrializada moderna busca crear sistemas que sean ecológicamente sostenibles y mucho más viables económicamente, ya que utiliza los propios recursos de su sistema para generar la energía que necesita para subsistir.

La cultura permanente utiliza y aprovecha las cualidades inherentes de los distintos recursos, como el suelo, plantas, animales, condiciones climáticas y otros materiales, y dispone y combina esos elementos de forma tal que produzca un sistema autosustentable.

La filosofía de la permacultura trata sobre acompañar los procesos de la naturaleza y trabajar con ella, más que contra ella como sucede en los sistemas convencionales de agricultura.

Es que la diferencia principal radica en que la agricultura del sistema industrializado es una agricultura de autodestrucción y no sostenible en el tiempo. Los cultivos de la agricultura moderna son totalmente dependientes de las energías externas.

En cambio, en este sistema consciente, las energías necesarias para el trabajo de la tierra, de los animales, del agua y de las plantas viene de esos mismos recursos, que se reciclan continuamente para evitar desperdicios y desechos.

Es decir, en la agricultura permanente, la energía necesaria para el sistema es proveída por el mismo sistema.

Pero el centro de la permacultura es el diseño. Y en ese sentido, el principio esencial es el de la ubicación relativa: cada elemento está ubicado en relación a otro de manera que se asisten entre ellos.

Además, están ubicados de tal forma que aprovechan las condiciones climáticas y de la naturaleza, así como la estructura del espacio en donde se crea el sistema de permacultura.

Por ejemplo, todo lo relacionado a represas y tanques de agua están localizados en una superficie alta, por sobre la casa y el jardín, de manera que la gravedad es usada para dirigir el flujo, sin necesidad de utilizar un sistema eléctrico de bomba.

No sólo se debe pensar en la ubicación estratégica de cada elemento, sino que también se debe pensar al mismo tiempo en todas las funciones que pueda cumplir ese recurso.

De esa forma, un estanque puede ser utilizado para riego, para dar agua a los animales, las cosechas y hasta el control de fuego. Se trata de optimizar los recursos al máximo, para evitar desechos y desperdicios.

De la misma manera, los desechos y desperdicios procedentes de la cocina, por ejemplo, se reciclan en compost para poder reutilizarlos como tierra fértil y abono orgánico.

Pero el propósito final de la permacultura no es solamente reciclar -y por lo tanto incrementar la energía-, sino que también considera utilizar los elementos hasta degradarlos a su punto más bajo de uso.

En ese sentido, una casa con un sistema solar de agua caliente puede también contener una estufa de leña de forma alternativa con un depósito de agua, para suplir de agua caliente cuando el sol no está brillando.

En conclusión, en este sistema no debe existir ningún árbol, planta, estructura, tierra o actividad el cual no estén ubicados y pensados según estos criterios de ubicación, uso y perdurabilidad.

Por otra parte, el cuidado de la tierra es una de las verticales de la ética de la permacultura, ya que se acompañan y aprovechan los procesos naturales sin intervenir ni dañar.

La ética del cuidado de la tierra implica la realización de actividades inofensivas y también rehabilitadoras, a la vez de hacer un uso ético de los recursos disponibles.

Una comunidad sostenida por la consciencia de la permacultura garantiza una dieta variada, mientras no sacrifica la calidad o destruye la tierra que la alimenta.

En resumen, la permacultura es el uso de la información y de la imaginación -y no del capital y energía-. Se trata de entender la información provista por los recursos y la imaginación para saber cómo aplicarlos y disponerlos.

Es la calidad del pensamiento y el diseño lo que determina el rendimiento y el resultado de los productos, y no el tamaño o la calidad. No implica sólo el uso de los recursos físicos, sino también de la habilidad para procesar la imaginación e información.

Permacultura en Buenos Aires

En Navarro, provincia de Buenos Aires, Argentina, funciona la ecovilla Gaia, donde llevan a la práctica los principios de sustentabilidad, y proyectan todas las etapas para lograr una cultura permanente.

La comunidad que habita la ecovilla creó allí una aldea ecológica, con hogares y centros comunitarios, auditorios y hasta hostales de adobe y paja, todo abastecido con energías independientes y renovables.

Además, fundó la Universidad Internacional de Permacultura, donde grandes exponentes internacionales se presentaron para formar a varias generaciones de permacultores a través de los últimos años.

En la ecovilla Gaia se ofrecen cursos y talleres sobre permacultura, construcción natural, energías renovables y cocina naturista.

https://www.youtube.com/watch?v=XosSiH8HgoI

https://gaia.org.ar/ecovilla/

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