Las ventajas de la cultura preventiva

Es tan frecuente que ya lo hemos naturalizado, sólo se toman medidas cuando los acontecimientos nos han arrollado. ¿Por qué siempre llegamos tarde? ¿Cuál es el costo de demorar lo obvio?

Existe un cierto pensamiento indolente que cree que aunque nada funcione nada pasará, hasta que pasa.

Las claves para que una sociedad incorpore la cultura preventiva como valor.

Son inseparables: la educación y la prevención dependen el uno del otro. La ignorancia, la falta de información y la ausencia de toma de conciencia, sólo producen la normalización de la falta de normas. El nivel de anomia es tal, que los ciudadanos sólo notan las falencias una vez que sucede algo que perjudica al conjunto social.

Entonces, ¿qué debería suceder para llegar antes de los acontecimientos? La respuesta es aplicar la cultura preventiva. La Lic. Tamara Caballero Rodríguez, autora de “La Cultura Preventiva: premisa de una educación en la conducta de una sociedad” define el concepto y rol: “La cultura preventiva, como elemento particular de la cultura, puede contribuir a promover un conjunto de normas, patrones, sentimientos, actitudes y, esencialmente, conductas de los individuos que no atenten contra las regulaciones, normativas positivas aprendidas en la propia sociedad en la que se vive“.

En este sentido, generar una cultura preventiva no es muy distinto a la crianza de un niño. “El clima social es tan importante para el niño como el aire que respira. El grupo social al que pertenece determina en gran medida su comportamiento y carácter futuros”, explica la especialista.

Es decir, el contexto y la cultura de una sociedad predeterminan si habrá una toma de conciencia acerca de la prevención o no la habrá. Por su parte, Ángel Sánchez Sacristán, autor de “Reflexiones sobre la cultura preventiva” explica que para que una sociedad sea conciente de la relevancia de la prevención, los valores juegan un rol fundamental: “El sistema descansa sobre una estructura formada necesariamente por los mismos principios que posee una organización sociopolítica. Valores como responsabilidad, autonomía, efectividad, coordinación y solidaridad son la base para instalar socialmente una cultura preventiva tanto a nivel de la administración pública como a nivel ciudadano”.

Pero, la existencia de normas a nivel público es fundamental ya que sin ley, la ausencia de organización está legitimada. En este sentido, Sanchez Sacristán sostiene que “es esencial la responsabilidad de las diferentes administraciones públicas en admitir la asunción de competencias propias al dirigir, organizar, diseñar y planificar la gestión de la Protección Civil en los distintos niveles de territorialidad y grado de implicación, hasta la de las propias personas físicas en la obligatoriedad ciudadana de participación responsable en la comunidad y en la autoprotección como garante de su propia libertad y sus derechos más elementales“.

La legitimidad legal de una cultura preventiva establece el marco apropiado para definir e inculcar patrones de conducta que se transmitirán generacionalmente y reafirmarán el conjunto de normas y procedimientos que brindarán estabilidad social. “Instalar la prevención como ley - destaca la Lic. Tamara Caballero Rodríguez- ayuda a guiar, ordenar, promover una conducta deseada entre sus miembros”. Y no sólo eso la cultura preventiva es uno de los vehículos más óptimos para inculcar conocimientos, valores y pautas de conducta socialmente aprendidas.

En este sentido la especialista destaca como un gran número de problemas sociales actuales podrían solucionarse a través de la cultura preventiva: “Las conductas apreciadas en la actual sociedad como: la violencia familiar y social; la drogadicción; la prostitución, incluso la infantil; el terrorismo en el mundo; el maltrato al medio ambiente, no son sólo conceptos, son, ante todo, hechos reales que marcan de forma decisiva las características de las relaciones entre los hombres en todo el mundo; y nos están señalando la necesidad de un arduo trabajo preventivo en sus diferentes niveles (primario, secundario y terciario), que permitan una sociedad más justa, equilibrada con una cultura de las relaciones más plenas y humanas en los niveles, tanto individual, grupal como societal”.

Pero la educación en la prevención no surge espontáneamente, debe ocurrir de arriba hacia abajo, debe partir de la coherencia entre el hacer y decir de las administraciones públicas y de todo aquel que detente un cargo público. Ya es hora que el famoso dicho "mejor prevenir que curar" abandone su sitio de frase hecha para ser una realidad en una sociedad que necesita educarse en la prevención.

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