Dietas: ¡Basta de prohibiciones!

Cómo aprender a comer las cosas que nos gustan sin caer en los excesos.


Por Agustina Murcho
Lic. en Nutrición
@nutricion.ag

Así se titula uno de los capítulos de mi libro y la verdad es que creo firmemente que la alimentación saludable se basa en este concepto. No es real que para bajar de peso debamos suprimir alimentos, ni siquiera los chocolates, los helados, la pizza y esas comidas que compartimos los domingos en familia o con amigos.

Si bien toda la vida se dijo y se creyó que para bajar de peso había que restringir, el tiempo finalmente nos demuestra que no es así. Por ejemplo, ¿cuántos pudieron sostener más allá de algunos días, algunas semanas o incluso durante meses, una dieta a base de pollo con ensalada, sin hidratos y sin dulces? Seguramente hayan bajado de peso al final de ese lapso, pero cuando termina, se produce un efecto rebote y esto hace que la persona vuelva a restringirse para bajarlo, una y otra vez, entrando en un círculo vicioso.

El tema no es dejar de comer las cosas que nos gustan, sino aprender a hacerlo. Este es un trabajo muy largo, no hay “recetas mágicas e instantáneas”, sino que lleva TIEMPO.

Catalogar a un alimento como prohibido quiere decir que está mal lo que estamos comiendo, que es un alimento que no nos va a hacer bien o nos va a engordar. Y el prohibir un alimento hace que a futuro comamos más. Por ejemplo, si una persona se prohíbe el chocolate el día que tenga una angustia o vaya a un cumpleaños y haya chocolate, obviamente que va a comer más de lo que debería comer por esa prohibición. Y ahí empiezan los sentimientos de culpa, angustia o frustración.

Cuando nos prohibimos el alimento, la dopamina - que es la hormona del placer- sube muchísimo y al estar en contacto con el alimento prohibido sube aún más, haciendo que el cerebro haga lo imposible por consumirlo.

Siguiendo con el ejemplo del chocolate,no es lo mismo comer un chocolate de tamaño normal sabiendo que se puede comer y que no va a pasar nada, a comerlo sabiendo que lo que estás haciendo está mal porque te dijeron que estaba prohibido. En el primer caso, hay disfrute mientras que en el segundo, culpa o tristeza.

La clave es comer de todo, moderado y saber con qué frecuencia y cantidad ingerir cada alimento. Es nuestra obligación como profesionales de la nutrición, fomentar la educación alimentaria y explicarle al paciente cómo comer, en qué horarios, enseñarle a darse cuenta de si tiene hambre o come por ansiedad, explicarle qué contiene cada alimento, cuáles son las cantidades recomendadas, etc. Por supuesto, existen patologías donde hay alimentos que no se pueden comer, pero eso es una cuestión orgánica.

Vivir con prohibiciones hace que nos aumente la obsesión con las calorías y el cuerpo, y que no podamos disfrutar del momento y de esas salidas o eventos. Ahí se pone en juego la SALUD MENTAL. Todos los seres humanos necesitamos aprender a comer, no a hacer manejos y restringir para que el número de la balanza cambie.

María Agustina Murcho
NutricionistaMN 7888 /MP 3196, autora del libro “Podemos comer de Todo”

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