Dieta sí, pero no cualquiera

La manía del adelgazamiento, en todo el mundo, es uno de los caminos hacia lo que hoy se llama "desórdenes del comer". La cordura y la salud, imponen una dieta equilibrada, mixta, suficiente, variada y socialmente aceptable. Todo lo demás, debe ser artesanal, entre médico y paciente.

Dietas. Dietas. Dietas. Todas llevan implícita la promesa del Príncipe Azul, la felicidad total, el status en pos del cual se gastan más calorías que en una clase de gimnasia. La dieta ha entrado a formar parte de la familia y hasta la televisión dedica buena parte de sus espacios a jugar al doctor, mostrándole al desprevenido televidente todo lo que puede hacer para cambiar su imagen... aunque todo siga igual.

Ya no se trata de imponer marcas de jeans o de zapatillas, sino que ahora dicen también qué se debe hacer para poder entrar en esas prendas. Junto con el mejor ejercicio y el menor sufrimiento para obtener los logros deseados, le entregan la dieta que debe seguir. La "mejor dieta" pretendió existir desde siempre, pero no se la podía recordar a cada instante: no había tanta revista femenina, tanto semanario, tantos reality show, desfile de modas, competencias desleales en pos de la conquista del futbolista de moda o del "señor mayor millonario", fuente, a su vez, de exposición para futuras relaciones...: todo ésto creó "la necesidad de hacer dieta".

Esta carta, escrita por un paciente a su médico y reproducida en libros actuales de medicina, prueba que siempre se tuvo urgencia de verse bien.

El Dr. Munro, eminente especialista inglés, cuenta que un colega recibió en 1825 (leyó bien), una esquela en estos términos: "Señor, he seguido su prescripción como si mi vida dependiera de ella y he comprobado que durante este mes he perdido 1.5 kilo o algo más. Pero para alcanzar estos resultados me he visto obligado a practicar tal cambio en mis gustos y hábitos -en una palabra, he sufrido tanto-, que, mientras le doy mis más expresivas gracias por sus amables directrices, renuncio a todas las ventajas que puedan derivarse y en el futuro me entrego enteramente a las manos de la Providencia".

Y era 1825. Desde entonces, muchísimas dietas corrieron bajo... la balanza. Una encuesta Gallup realizada en Estados Unidos, demostró que una tercera parte de las mujeres de 19 a 39 años, hacen dieta por lo menos una vez al mes y que el 59% de esas mujeres desea perder peso. Sin embargo, una gran proporción de ellas se ven obesas, están en su peso y quieren ser superflacas, lo que al conseguirlo, en el mejor de los casos, implica la necesidad de distintas cirugías: aumentar las mamas, levantar las colas, abrir los ojos, quitar la piel que sobra...

La manía por el adelgazamiento comenzó hace mucho: basta recordar algunos de los llamados "regímenes históricos" que alentaron las esperanzas de hombres y mujeres de otras épocas, en todo el mundo. Imagínense a un Dr. Debove a quien se le ocurrió indicar 2 semanas de lácteos completados por dos semanas más de lácteos... pero con un pancito y un kilo de frutas por día. Luego llegó un Dr. Guelpe: muy simpática su dieta, que sugería alternar pequeños bocados de algunos alimentos con... la toma de purgantes.

Los años fueron pasando: se conocieron y aún se recuerdan "La dieta revolucionaria del Dr. Atkins", "La dieta de la Fuerza Aérea", "La dieta de los 55 puntos" y "The last chance diet" o dieta de las proteínas líquidas, que realmente significó la última chance para 60 personas que murieron por ella en los Estados Unidos, en el estado de Pennsylvania. El Dr. Robert Linn le puso premonitoriamente ese nombre. La existencia de tantas dietas está indicando que ninguna es lo suficientemente útil como para ser la única y definitiva, la verdadera, la científica, aprobada por todos los especialistas. Precisamente en los EE.UU, a esas dietas absurdas se las llama "fads", que según el viejo y noble Appleton quiere decir "novedad, moda, manía, chifladura". Lindo porvenir nos espera si se recuerda que hay, allí, en este momento, aproximadamente unas 3000 fads diets.

Para clasificarlas, han tenido en cuenta su valor calórico, su composición, las técnicas psicológicas que sugerían para promoverlas y el tipo de campaña que implementaban para crear su necesidad de consumo junto a la promoción de distintos métodos para poder cumplirlas. Considerando esos factores, las clasicaron en: absurdas, cuestionables y razonables. Varios nombres conocidos aparecen allí: Atkins, Pritikin, Turnower con su famosa "Complete Scarsdale medical diet", "Fasting is a way of life" (una de las más absurdas), Antistress diet, I love America", Beverly Hills, Forest Hills, etc.

La imposibilidad de cumplirlas hasta obtener el resultado deseado y mantenerse, dio lugar a que aparezcan aros, plantillas, "cápsulas inocuas", gotas mágicas, cremas milagrosas que derriten la grasa como la nieve al sol, etc., lo que produce pérdida de dinero, de tiempo y de ilusiones. Miles de mujeres jóvenes y no tan jóvenes del mundo entero van hacia la anorexia o hacia la bulimia (necesidad incontrolable de ingerir alimentos) o hacia la alternancia de ambas, siendo, muchas de ellas, hijas de la primera generación de madres con alta concientización acerca del peso corporal, que viven desde la adolescencia la obsesión de ser dietantes crónicas.

Sin entrar a considerar las virtudes, defectos o beneficios de cada dieta, una cruel duda asalta: ¿es obligatorio vivir buscando un peso ideal a costa aún de grandes sacrificios?. ¿Porqué cada día se brinda una "nueva, segura, definitiva y mágica fórmula"?. ¿Porqué hay quienes creen hoy que la de ayer no sirve?.

Múltiples factores influyen en ello y los médicos vamos viendo desfilar una propuesta constante y no cumplida: dieta = felicidad. No es casual que el nombre con el que generalmente se las conoce, se asocie fácilmente a placer: dieta de Beverly-Hills (dichosos Beverly ricos!), Forest-Hills (cientos de miles de dólares rondando el court!), Clínica Mayo, Cambridge... En oposición, quién seguiría una prescripción con nombre asociado al displacer?. ¿Quién contaría a sus amigas que está siguiendo la Dieta de Alcatraz o la de los "asesinos chiítas"?.

El médico que proponga tal desatino no disfrutará de la adhesión de sus pacientes ni los medios se atreverían a difundirlo. La dieta "de la sopa de verduras", "del pomelo", "del arroz" o de "la manzana", siguen las mismas severas restricciones que esas dietas displacenteras, y, lo que es más grave para la salud, disarmónicas y riesgosas.

¿Porqué pasa todo ésto?.

  1. ¿Es una moda estar a dieta?.
  2. ¿Es saludable hacerlo?.
  3. ¿Todas las personas deben seguir algún tipo de prescripción dietoterápica?.

1) ¿Es una moda estar a dieta?: si asociamos dieta a obesidad, es indudable que la moda influye en los casos en que el exceso de peso no va más allá del 10 ó del 15% del estimado como "deseable" según las tablas antropométricas habituales, considerando sexo, edad, talla, contextura física. Pero por encima del 20% (o aún menos si coexistiera con otras enfermedades a las que beneficie el descenso de peso),es necesario, entre otros cambios, modificar los hábitos alimentarios. La presión social, que el espejo suele reflejar para tortura de muchos, hace creer que en el descenso de peso estará la solución de la imagen corporal y de todo lo que ocurra dentro de de esa imagen. Pero la realidad siempre se encarga de desmentirlo. "El inconveniente de la cirugía estética es que sólo mejora por fuera".

2) Si es o no saludable hacer dieta en forma permanente exige un planteo diferente: se baje o no de peso, alimentarse en forma adecuada a la edad, condición física (salud, enfermedad, embarazo, crecimiento), siguiendo, por ejemplo los consejos de las Asociaciones Norteamericanas de Salud y Argentinas de Nutrición, asegurarán una vida mejor. Son dietas para la población que se supone sana, con un equilibrio en sus componentes, que aconsejan poca sal, poco azúcar, menos carne roja, reducción de grasas y alimentos ricos en colesterol, mayor consumo de fibras contenidas en las hortalizas, no alcohol o gran moderación en el beber, ingerir alimentos variados y tratar de mantener el peso adecuado. Todo lo demás debe ser trabajo artesanal entre médico y paciente: cada ser humano es único e irreproducible y lo sigue siendo cuando se enferma.

3) Respecto a si todos deben seguir algún tipo de dieta, fuera de las consideraciones del punto anterior, ello dependerá del grado de salud o de enfermedad que cada persona presente. No es posible generalizar en medicina, como no lo es en muchos órdenes de la vida. La profusión de publicidades de productos dietéticos, que no siempre cumplen la función esperada, las declaraciones inexactas de algunos profesionales no capacitados pero bien promocionados, la difusión de conceptos contrapuestos, el charlatanismo nutricional, crean una distancia entre el médico y la gente: se interpone una "zona mágica" que no ayuda a nadie. La ciencia, o más simplemente, los conocimientos que hacen a los hábitos del buen vivir, deben "vulgarizarse" en el mejor sentido de la palabra: transmitir la verdad en términos simples, pero no por ello falaces.

Además, conocer algo no significa necesariamente aceptarlo ni adoptarlo. La industria de la delgadez no crecería día a día, si hubiera una buena campaña esclarecedora que ayudara a la profilaxis de la obesidad. Hace años que los profesionales asistimos impotentes a todo tipo de estafas, abusos de la buena fe, prácticas que desacreditan a los buenos médicos, pero el "racismo antiobeso" empuja cada vez más a ese grupo grande de marginados hacia las empresas ávidas de lucro.

Tal vez el médico serio haya fallado al no satisfacer las demandas injustificadas de los pacientes obsesionados por el peso, pero no ha sido infiel a su juramento hipocrático...

De allí la necesidad de que al elegir una dieta pensemos en cuáles son las necesidades reales de nuestro cuerpo, que a veces van a contramano de lo que está de moda.

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Gentileza, Dra. Rosa F. Wainstein de Cassin. Médica especialista en Nutrición y Endocrinología. (MP 30102)