¿Y por casa cómo andamos?

La crianza de los hijos muchas veces genera infinitas contradicciones.

A pesar de las buenas intenciones de los padres, muchas veces las palabras se oponen a los hechos.

¿Cómo lograr que los chicos nos escuchen si nosotros actuamos en oposición a lo que decimos?

Las contradicciones afectan directamente sobre la psiquis de los niños, y poco puede argumentarse si los adultos no hacen lo que dicen.

¿Cómo lograr que las palabras y los hechos vayan por la misma senda?

La Lic. Solange García Bardot considera que muchas veces los padres creen que con amar a los hijos alcanza. "Nunca se privilegia lo suficiente el desarrollo emocional de nuestros hijos, son muchos los padres, abuelos y adultos en general, que están convencidos de que sentir amor basta para que el niño se sienta amado, pero esto no es así".

La educación de los niños no sólo se sustenta en palabras y gestos de afecto sino en la coherencia del comportamiento de sus padres. Es muy frecuente observar como los adultos inculcan valores a sus hijos y luego en su vida cotidiana actúan en oposición a lo que profesan.

"Un caso muy frecuente en ese sentido es el de la mentira. No hay adulto que no le enseñe a sus hijos a no engañar, pero los chicos observan cómo sus padres mienten en sus trabajos, a sus amigos o a sus familiares. Así, la contradicción está a la orden del día y afecta directamente sobre la confianza de sus hijos. Los chicos deben ser criados en un ambiente verdadero, auténtico, que brinde confianza y seguridad. La confianza es el sentimiento por y con el cual uno puede tomar riesgos y crecer en la vida", explica la Lic García Bardot.

No es ninguna novedad que el primer modelo que los niños tienen en su vida son sus padres, y si éste parámetro se muestra ambiguo, la conducta ética de los chicos se verá afectada. La contradicción habilita al niño a copiar una conducta en la cual el maniqueísmo es la norma y poco podrá argumentar un adulto a la hora que su hijo le presente su propio espejo.

"Los padres, en la mayoría de los casos le dicen constantemente a sus hijos que son lo más importante que tienen en sus vidas, pero al margen de las palabras no se lo hacen sentir verdaderamente. Muchas veces y por más que sean lo más importante del mundo tratamos a los niños no solo sin demostración del amor que les tenemos sino como si fueran ciudadanos de segunda. No los tenemos en cuenta, no los escuchamos, minimizamos temas que para ellos son importantes, los avergonzamos frente a otros, los juzgamos. Hay una larga lista de hechos que hacen que les faltemos al respeto infinidad de veces. El punto es que todo lo que nosotros profesamos en las palabras, entra en contradicción con el tratamiento que le damos a nuestros propios hijos", explica la Lic. Solange García Bardot.

Entonces, si los niños faltan el respeto, insultan, mienten, son poco tolerantes con el otro diferente o juzgan a un par, ¿quién es el responsable?, ¿cuál fue el modelo que han tomado como referencia para ejercer estas conductas? No es una rareza escuchar a algunos padres que lejos de responsabilizarse de esta acción, echan culpas sobre los amigos de sus hijos, la escuela, vecinos o los medios de comunicación. El hacerse cargo a la hora de dar el ejemplo es vital para brindar una crianza coherente.

Con dar amor no alcanza hay que ejercer el afecto en las palabras y en los hechos. La comunicación, los límites, el respeto y la confianza son pilares para un buen vínculo entre padres e hijos. Si esto lo aplicamos no solo con nuestros hijos sino con nosotros mismos y en nuestros vínculos nos aseguraríamos una buena dosis de equilibrio, consistencia emocional y autenticidad en nuestras vidas.

Ser coherentes es un esfuerzo que bien vale la pena.

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Redacción