El efecto Dunning-Kruger o la relación entre estupidez y vanidad

Según el efecto, las personas con escaso nivel intelectual y cultural tienden sistemáticamente a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son.

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real.

Este sesgo se explica por una incapacidad metacognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud. Por el contrario, los individuos altamente cualificados tienden a subestimar su competencia relativa, dando por sentado erróneamente que las tareas que son fáciles para ellos también son fáciles para otros.

David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell concluyeron que: “La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás”. El fenómeno fue demostrado en una serie de experimentos realizados en la Universidad de Cornell (Nueva York, EE. UU.). Sus resultados fueron publicados en el Journal of Personality and Social Psychology de diciembre de 1999.​

Ellos investigaron cierto número de estudios previos que tendían a sugerir que en diversas habilidades como la comprensión lectora, conducción de vehículos de motor y juegos como el ajedrez o el tenis, “La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento”.

Dunning y Kruger ganaron el premio Ig Nobel en el año 2000 por su trabajo

Los Premios Ig Nobel son una parodia estadounidense del Premio Nobel. Se entregan cada año a principios de octubre para reconocer los logros de diez grupos de científicos que «primero hacen reír a la gente, y luego la hacen pensar».

Entonces ¿a quién afecta el efecto Dunning-Kruger?

Lamentablemente, todos lo somos. Esto se debe a que no importa cuán informados o experimentados estemos, todos tienen áreas en las que están desinformados e incompetentes. Usted puede ser inteligente y hábil en muchas áreas, pero nadie es un experto en todo.

La realidad es que todos somos susceptibles a este fenómeno, y de hecho, la mayoría de nosotros probablemente lo experimentamos con sorprendente regularidad. Las personas que son expertos genuinos en un área pueden creer erróneamente que su inteligencia y conocimiento se trasladan a otras áreas en las que están menos familiarizados.

Un científico brillante, por ejemplo, podría ser un escritor muy pobre. Para que el científico reconozca su propia falta de habilidad, necesita poseer un buen conocimiento práctico de cosas como la gramática y la composición. Debido a que le faltan, el científico en este ejemplo también carece de la capacidad de reconocer su propio bajo rendimiento.

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