4 platos mexicanos que ya no se consumen más y que eran considerados auténticos manjares

Estos platos mexicanos que ya no se consumen eran típicos en la época prehispánica, pero hoy están olvidados y casi nadie los recuerda.

Los ingredientes extintos en la cocina mexicana que alguna vez dominaron los fogones

La riqueza de la cocina mexicana es reconocida a nivel mundial por su diversidad, tradición y sabor. Sin embargo, no todos los platillos han logrado sobrevivir al paso del tiempo. Existen platos mexicanos que ya no se consumen y que alguna vez fueron parte fundamental de la dieta diaria, sobre todo en épocas prehispánicas.

Hoy, muchos de ellos han desaparecido casi por completo. Ya sea por el cambio en los hábitos alimenticios, la llegada de nuevos ingredientes o por cuestiones sanitarias y ecológicas, algunos de los sabores que marcaron la historia culinaria de México han quedado en el olvido.

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A continuación, repasamos cuatro de esos platillos que alguna vez fueron comunes en las cocinas indígenas y que hoy, por diferentes motivos, ya no forman parte del menú cotidiano mexicano, a pesar de que en su momento fueron considerados deliciosos y muy nutritivos.

Ranas en salsa picante: proteína directa del lago

Durante la época prehispánica, las ancas de rana eran un alimento muy valorado. Su carne, rica en proteínas, era consumida de diversas maneras, pero una de las más comunes era prepararlas en salsa picante, lo que les daba un sabor intenso y profundamente arraigado a la tradición culinaria mexica.

También solían acompañarse con maíz, tortillas y caldos, integrándose a la dieta diaria de muchos pueblos lacustres. Pero con la llegada de los colonizadores y el posterior acceso a nuevas proteínas animales como el pollo, el cerdo y la res, el consumo de rana se volvió cada vez más raro.

Hoy en día, su presencia en la cocina mexicana es casi inexistente. Solo en algunos pueblos muy específicos se conserva esta práctica, aunque con una frecuencia mínima y en preparación artesanal.

Ajolote con chile amarillo: del plato al símbolo cultural

El ajolote, ese anfibio endémico de los lagos del Valle de México, fue mucho más que una curiosidad biológica: fue alimento habitual en diversas culturas prehispánicas. Su carne se consideraba suave y sabrosa, y se utilizaba para preparar desde tamales hasta caldos, sopas y guisos con chile amarillo.

El ajolote tenía un lugar importante tanto en la alimentación como en las ceremonias rituales, pero con el tiempo su población comenzó a disminuir drásticamente. Hoy, el ajolote está en peligro de extinción, y su consumo ha sido totalmente desaconsejado y prohibido en la mayoría de los contextos, tanto por razones ecológicas como culturales.

Un artículo publicado por la revista Culinaria, de la Universidad Autónoma del Estado de México, destaca que su desaparición del menú nacional fue una consecuencia directa del esfuerzo por conservar a la especie, que hoy es considerada un símbolo de identidad mexicana y un referente en la lucha por la biodiversidad.

Omelette de huevos de mosca: un manjar ceremonial

Otro ingrediente que fue clave en la dieta prehispánica y que hoy prácticamente no se consume son los huevecillos del Axayácatl, una mosca acuática del Valle de México.

Estos huevos, conocidos como ahuautle, eran usados para preparar omelettes, tamales y salsas, y tenían un estatus especial: se los consideraba un manjar digno de los dioses. Su consumo estaba reservado para ocasiones especiales y ceremonias religiosas, ya que también se los utilizaba como ofrenda en rituales.

El ahuautle era muy apreciado por su alto valor proteico y su sabor concentrado, pero con la urbanización, la contaminación de los cuerpos de agua y el cambio en los gustos alimentarios, este platillo fue desapareciendo hasta quedar prácticamente relegado a registros históricos o menciones en ferias gastronómicas regionales.

Acociles asados: los camarones de agua dulce que casi nadie recuerda

Los acociles son pequeños crustáceos de agua dulce, similares a los camarones, que abundaban en lagos y ríos del México antiguo. En la época prehispánica, se los recolectaba y asaba para comerlos solos, en tacos o como parte de guisos, especialmente el llamado chalmulmulli, una especie de estofado que se servía acompañado con tamales.

Este alimento, aunque nutritivo y fácil de obtener, fue quedando en el olvido con la introducción de otros mariscos más comerciales y con el deterioro de los cuerpos de agua donde los acociles solían encontrarse.

En algunas comunidades rurales aún es posible encontrarlos, pero su consumo no está recomendado, ya que en muchos casos no se limpian ni desinfectan adecuadamente, lo que podría acarrear riesgos sanitarios por bacterias y gérmenes.

El olvido y la transformación de la tradición culinaria

Estos cuatro ejemplos muestran cómo la gastronomía mexicana, a pesar de su riqueza, no está exenta de pérdida o transformación. Muchos de los ingredientes y platillos que alguna vez fueron parte del día a día ahora son vistos con sorpresa, desconfianza o incluso desconocimiento total por las nuevas generaciones.

El cambio en los hábitos alimenticios, el impacto ambiental, el desarrollo urbano y el abandono de ciertos ecosistemas han modificado el acceso a estos ingredientes, haciendo que muchas preparaciones tradicionales desaparezcan o se vuelvan simbólicas.

Recuperar la memoria de estos platos no implica necesariamente volver a consumirlos, sino reconocer su valor cultural e histórico, y entender cómo la alimentación refleja también las transformaciones sociales y ecológicas de un país.

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Redacción Vida Positiva