¿Y si bajamos un cambio?

La adicción al trabajo es una de las principales enfermedades del orden de la salud mental en el siglo XXI.

Cada contexto que atraviesa la historia de los seres humanos, define sus objetivos, deseos y expectativas tanto a nivel individual como social. Hoy en día el éxito no depende de la estirpe, el linaje o el status, sino de la cultura del trabajo, siendo un valor que promueve la movilidad social ascendente y el crecimiento del individuo, la familia, las clases sociales y por lo tanto de un país y una región.

Trabajar es la herramienta más óptima y eficaz para el progreso, pero es una acción que debe realizarse en su justa medida. La búsqueda del equilibrio es la clave para el bienestar, pero es una tarea que puede llevar toda una vida. Los excesos nunca resultan favorables y en la actualidad muchas de las patologías encuentran su causa en la imposibilidad de hombres y mujeres de conciliar su vida personal y laboral.

Valores imperantes como el éxito financiero, el consumismo y la definición del individuo a partir de su posición económica, fueron algunas de las variables del orden social y cultural que generaron e incentivaron la conformación de este tipo de adicción. Según estadísticas publicadas por la Organización Internacional del Trabajo, el 20% de la población mundial es adicta al trabajo.

La OIT advirtió que este tipo de compulsión afecta de forma directa a la salud física y mental, provocando ansiedad, irritabilidad, estrés y problemas cardiovasculares. Además, perjudica las relaciones personales, familiares y laborales. La obsesión laboral provoca el efecto contrario al deseado ya que se ha comprobado que quien trabaja en exceso de manera indeterminada baja sus niveles de competitividad y eficacia.

La adicción al trabajo no surge de forma casual o inesperada sino que es producto de un fenómeno que comenzó en los Estados Unidos sobre finales de la década del ´70. Por ese entonces el paradigma del éxito se encarnaba bajo la figura de los “Yuppies”, término abreviado del mote “Young Urban Professional” (Joven Profesional Urbano). Este modelo social se encontraba conformado por profesionales de entre 20 y 40 años cuyo principal objetivo fue la acumulación de riqueza con el fin de mantener un status o bien, para formar parte de la clase alta. En su mayoría, fueron jóvenes universitarios dedicados a la economía quienes valoraron de forma exacerbada la persecución del éxito a través de la adquisición de bienes materiales.

Su modo de vida impactó de forma directa en valores de la época. Por lo tanto, la adicción al trabajo en la actualidad puede ser considerada una virtud y no un problema. Un workaholic suele recibir miradas de admiración y respeto por su esfuerzo desmedido, aunque su adicción perjudique su salud y su relación con el entorno. Es la adicción que recibe el mayor consenso social ya que en apariencia representa valores como el sacrificio y el progreso.

Pero, en la actualidad los trabajadores y profesionales que padecen este tipo de patología no lo hacen de forma consciente, su adicción opera de manera inconsciente y hasta contradictoria. La Argentina no es la excepción a la regla y sus estadísticas demuestran el alcance del problema. Una investigación realizada por el centro Standard Bank Confye del Instituto Argentino de la Empresa (IAE) reveló un dato esclarecedor en torno a la adicción al trabajo en el país y sus consecuencias en el ámbito de la vida personal. Según el estudio, el 71% de un grupo de ejecutivos que dedican más de 10 horas a su trabajo, aseguró que su mayor fuente de satisfacción es la familia. La paradoja de esta estadística es que todos los empresarios consultados que emitieron esta respuesta no tienen pareja, ni hijos.

Es decir, su adicción al trabajo opera de manera inconsciente y por ello, expresan su deseo de concretar metas en el terreno personal aunque sus actitudes y comportamientos presentes sean contraproducente a sus intenciones. Si bien en la actualidad existen variables que inciden en el incremento de la adicción; como los altos niveles de competitividad, el temor a perder el trabajo en países en crisis y las presiones económicas que atraviesan la realidad de los individuos; es un problema que debe tratarse con el fin de prevenir o abordar a tiempo las consecuencias que esta enfermedad genera sobre la salud física y mental.

El equilibrio es la clave y aunque nuestra época esté atravesada por una crisis de valores, en los distintos ámbitos que conforman la vida social, laboral, económica y política, el ser humano es quien tiene la responsabilidad y el desafío de crear una nueva realidad en pos de su bienestar físico, mental, familiar y personal.

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Redacción