Remedios caseros: raíces, mitos y verdades

“Estás ojeado”, “hay que tirar el cuerito para curar el empacho”, “para curar un orzuelo no hay nada mejor que frotar un anillo y colocarlo en la base de las pestañas”, “una sopa y a la cama, y santo remedio para la gripe”.

Mitos, creencias populares o los entrañables “remedios de la abuela”, que desde la niñez escuchamos pero nunca hemos constatado su veracidad.

En tiempos de formulas magistrales y objetividad científica, los remedios caseros quedaron relegados a un pasado de leyendas populares transmitidas de generación en generación, cuya raíz se encuentra en las bases de la cultura indígena. Pero, todos los saberes populares en torno a la salud, ¿son falsos? O bien, ¿existen algunos remedios caseros que sí favorecen a la salud? ¿Cuál es el origen de estas creencias y saberes que la cultura popular ha reproducido por siglos?

La Argentina es uno de los países protagonistas a la hora de contar su historia y raíz cultural en torno a las terapias alternativas o no tradicionales. La comunidades indígenas que habitaban el noroeste argentino, conformado por las provincias de Jujuy, Salta, norte de Catamarca y Tucumán, crearon diversos remedios caseros acordes a sus creencias simbólicas y religiosas.

Las tribus omaguacas, ocloyas, apatamas, diaguitas, calchaquíes y huarpes, entre otras, protegían su salud y sanaban sus males a través de la medicina chamánica. Su principal creencia era que el origen de una enfermedad podía ser explicado ante la aparición de un objeto mágico, que se presentaba bajo la forma de un espíritu y perjudicaba el estado general de un ser que ha desafiado a la naturaleza o bien ha sido víctima de un acto de hechicería.

La cultura chamánica introdujo un principio denominado “teoría de las signaturas” que promovía la búsqueda de una la cura a través de la analogía entre la naturaleza y la patología. Por ejemplo, en el norte del país se utilizaban las flores rojas para curar las hemorragias, las amarillas para tratar distintas afecciones vinculadas a la función biliar y las blancas para sanar la anemia.

Otros remedios propios de la cultura indígena nacional fueron la cascarilla y la virreina del monte, para combatir la fiebre y el paludismo y en el norte de la provincia de Tucumán extraían curare de las flores de chamico como un anestésico natural para las intervenciones quirúrgicas. Los pueblos originarios argentinos son dueños de una larga historia y tradición en terapias alternativas e inclusive fueron los verdaderos descubridores de plantas medicinales que la industria farmacéutica ha capitalizado para crear medicamentos basados en extractos naturales.

Pero además de brindar sanas alternativas a los laboratorios, la cultura indígena también dio origen a los mitos y creencias populares en torno a los remedios caseros. El libro de la doctora en Química Valeria Edelsztein “Los remedios de la abuela: mitos y verdades de la medicina casera” resulta ser un buen manual para desmitificar, confirmar su efectividad o corroborar su falsedad,

Una de las leyendas mencionadas en el libro es la que asegura la cura de los orzuelos a través de una alianza de oro. El mito resultó ser cierto. La autora señala que los orzuelos se producen cuando se tapa alguna glándula sebácea en la base del párpado que genera grasa y una de las formas a través de la cual la grasa es drenada es a partir del calor. Entonces, al colocar el anillo de oro en la base de las pestañas, el calor actúa como desinflamatorio de la zona afectada.

Pero, uno de los mitos que a nivel popular se cree firmemente y terminó confirmándose como falso es que el afirma que la zanahoria mejora la visión. La Dra. Edelsztein relata en su libro el origen de esta leyenda. La creencia nació durante la Segunda Guerra Mundial, en la cual los soldados británicos crearon novedosos sistemas de radares que apuntaban con una precisión exacta a los aviones alemanes antes que cruzaran en Canal de la Mancha.

El ejército alemán estaba desconcertado y creyó que la eficacia inglesa estaba vinculada a un rumor que los mismos británicos propagaron entre las tropas: la zanahoria había mejorado su visión. Otro mito que en la Argentina se ha afirmado y practicado desde tiempos inmemoriales es el de “tirar el cuerito” Ante cuadros de fuertes indigestiones, no hay madre, abuela o vecina que recomiende esta práctica como la más eficaz para terminar con el empacho.

En los pueblos esta tradición se transmitía de generación en generación y no podía enseñarse en cualquier momento. El 24 de diciembre cuando dan las 12 es el momento indicado para transmitir el secreto de esta práctica legendaria. Pero, ¿qué hay de cierto en ella? “Tirar el cuerito” consta de un masaje que se realiza a través de un pellizco en la piel de la espalda y quien lo hace presiona hacia afuera hasta que se produce un chasquido.

“Aunque parezca magia, no lo es: en una investigación hecha sobre esta práctica -explica la autora en su libro- se encuentra la explicación. Los pellizcos en la piel de la espalda a los costados de la columna vertebral estimulan una formación de nervios conocida como plexo celíaco o solar, que acelera el movimiento estomacal y expulsa el bolo alimenticio "pegado" en el estómago”.

La sabiduría popular ha encontrado algunos remedios y otros no son más que mitos, que han cobrado fuerza con el tiempo. Pero, no hay dudas que aquellos consejos entrañables, muchas veces nos hacían sentir un poco mejor con tan solo escucharlos.

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Redacción