¿Qué determina la felicidad?

Si hay una característica que nos iguala a todos es la búsqueda de la felicidad.

La filosofía, la religión, la historia, la sociología, la psicología y hasta las ciencias duras han buscado las formas, las causas y las respuestas para lograr el objetivo supremo del ser humano, ser feliz.

Entre todas las corrientes culturales, la filosofía griega ha sido una de las principales en dar respuesta al sentido de la felicidad. Para Aristóteles y Platón, el bienestar pleno es inseparable de la autorrealización. Para lograr este objetivo el hombre debería enfocarse en su parte racional, ya que el placer y los impulsos sólo producen un estado de gracia instantáneo y volátil. La felicidad debería proyectarse a largo plazo y para hacerla real el individuo debe realizar cada acción en base a principios morales y a valores, tales como la honestidad y la justicia.

En contraposición a Aristóteles, se encuentra la postura de Epicurio, quien exaltaba las cualidades del placer como vehículo para encontrar la felicidad ¿Cómo lograr la plenitud? Estimulando el goce intelectual y físico, y además hacer lo posible para aislarse de todo dolor.

“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo", quien brinda esta definición no es un humorista sino, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. En “El malestar de la cultura”, el autor expresa claramente que la obsesión del ser humano por alcanzar la felicidad plena, no es más que una ilusión. “La evolución del individuo sustenta como fin principal el programa del principio del placer, es decir, la prosecución de la felicidad, mientras que la inclusión en una comunidad humana o la adaptación a la misma aparece como un requisito casi ineludible que ha de ser cumplido para alcanzar el objetivo de la felicidad; pero quizá sería mucho mejor si esta condición pudiera ser eliminada".

Es decir, las ideas de felicidad para Freud no son más que culturales y si el hombre se exige la plenitud absoluta, sólo encontrará la desilusión en el camino. Aunque en sus obras no brindó una definición exacta de la felicidad, en una carta enviada a Wilhelm Fliess, el 16/1/1898, brinda una interesante conceptualización del término: “Toda clase de minucias pululan por aquí; los sueños y la histeria se ajustan cada vez más limpiamente. Hay que tomar las cosas como vienen y estar contento de que vengan. Te incluyo en ésta mi definición de la «felicidad». La felicidad es el cumplimiento diferido de un deseo prehistórico. He aquí por qué la riqueza nos hace tan poco felices: el dinero nunca fue un deseo de la infancia”.

Freud menciona la riqueza en su definición, ya que existe la creencia popular que “el dinero hace a la felicidad”. La bonanza económica surge como uno de los anhelos en los que el individuo deposita una de las mayores causas de bienestar. Pero, ¿es real? En los Estados Unidos desde 1972 se realiza una Encuesta Social General a cargo de los investigadores Teng Guo y Lingyi Hu, que estudian el comportamiento de 32.000 personas y determinan las mayores variables que los hacen felices o infelices.

Según esta investigación el dinero juega un papel menor a la hora de encontrar la felicidad. En general la gente con ingresos altos es más feliz, pero sólo en un 3.5% como máximo.

Entonces en el dicho popular que reza “salud, dinero y amor” como fórmula para la felicidad, el primer y el tercer factor son los determinantes. La Encuesta Social General determinó que la salud es la principal causa de bienestar ya que las personas con un óptimo estado físico son un 20% más feliz en promedio, mientras que la gente con problemas de salud es un 8,25% más infeliz. Además, el amor también es sinónimo de plenitud. Las personas que se encuentran en pareja son un 10% más felices que los solteros.

Una de las curiosidades de esta investigación es la relación entre los factores macroeconómicos y la felicidad. Teng Guo y Lingyi Hu, indican que aunque es muy difícil encontrar una relación entre el producto bruto interno y la felicidad, sí existe una variable determinante a la hora de afectar desfavorablemente a una población y se llama inflación. “Un 1% de aumento de inflación reduce la felicidad nacional en un 3,1%“, establecieron los autores, quienes les recomendaron a los gobernantes del mundo: “si quieren hacer a una nación más feliz mejoren la salud de sus habitantes y traten de controlar la inflación“.

Todos, sin distinción de tiempos, espacios, edades, nacionalidades, ideologías o religiones están buscando la felicidad. Gran paradoja de un mundo que se dice complejo, a cada hombre y mujer del mundo nos une la lucha por ser felices. Nada más y nada menos.

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