Oratoria: Auto conocimiento, la llave para hablar mejor en público

Hablar en público es un acto de fe: fe en tu tema, en tus conocimientos, en la respuesta de público y, sobre todo, en la forma en que recibirán tu mensaje.


Por Daniel Colombo
@danielcolombopr
Master Coach Internacional

Para muchas personas inexpertas, la oratoria es simplemente una situación donde alguien transmite información, “y ya está”. Nada más errado: si el mensaje no se conecta emocionalmente con las personas, es casi seguro que no generará ningún impacto.

Hay al menos cinco valores básicos para tener en cuenta a la hora de afrontar tus exposiciones y presentaciones:

  1. Autenticidad
  2. Coherencia
  3. Solvencia
  4. Determinación
  5. Respeto

La autenticidad se relaciona directamente con tu auto conocimiento. Por eso es que el formato de la oratoria contemporánea -con el que trabajo entrenando profesionales en más de 18 países- se basa en el famoso “Conócete a ti mismo”, frase de Sócrates.

Sin este registro interno ningún mensaje logra conectar, y tu historia, narrativa o relato, por más interesante que sea, dejará en los corazones el sabor de que le faltó algo. Quizás pasión, quizás sazón: en definitiva, será desabrido.

Por esto, uno de los principales requisitos para abordar cualquier situación de presentaciones en público es que necesitas, antes de todo, un profundo trabajo interno. Conocerte, indagar en tus fortalezas y debilidades, reconocer tu “voz propia” como comunicador de mensajes, establecer los códigos sobre los que te vas a mover para captar la atención del otro.

Al hacerlo desde este lugar de mayor consciencia se produce un efecto virtuoso: el de la coherencia.

La coherencia es la sincronía entre lo que piensas, sientes, dices y haces. Todo esto junto, ¡ni más ni menos! Hoy es un valor sumamente apreciado por quienes siguen a oradores, conferencistas, profesores, coaches, líderes y referentes de todos los campos.

Es habitual encontrarse con personas que tienen un excelente conocimiento técnico de sus temas, y, sin embargo, su coherencia deja mucho que desear. Y estas hilachas son iguales a esos hilos sueltos que a veces trae una prenda de vestir cuando recién la compras: se ven a la distancia y deslucen tu hacer profesional.

Claro que el conocimiento profundo del tema es determinante a la hora de abordar al público; sin embargo, sin esa base de coherencia y de autenticidad, la gente va a percibir un discurso devaluado, casi como una pátina de lo que podría ser.

Recuerda: el público es intuitivo desde los primeros segundos en que apareces en escena. Tienes hasta 20 segundos para que confíen en ti. Por eso es que estos atributos “invisibles” perciben a simple vista y tienen una importancia fundamental.

El otro valor es el de la solvencia. Las personas saben cuándo el que está al frente “sabe” de lo que está hablando. El arquetipo de Jung, “El Sabio”, es una buena referencia: alguien que posee el conocimiento suficiente para lograr cautivar con su presentación y, a la vez, agrega valor, hace aportes, ayuda a reflexionar y aprender; es decir, enriquece al que le presta su atención y sus emociones.

La solvencia es un atributo que se conquista con los años y con pisar tarimas, salones y escenarios. No se puede transferir de la noche a la mañana, y requiere de una actitud de curiosidad permanente, auto motivación y profundo descubrimiento personal para hacer sinapsis: conectar estas experiencias de vida y profesionales a la hora de volcarlas en escena.

No importa si hablas cinco minutos, respondes una pregunta en un medio de prensa, das una clase o grabas un video: esos son canales para tu transmisión de mensajes. Lo fundamental es qué haces con eso, qué tan involucrado estás de verdad con tu tema y con el público, y qué tan solvente eres.

Parte de este proceso de ser solvente se manifiesta en tu determinación, el recurso de auto seguridad interna que te abrirá las puertas a inspirar, cautivar y lograr que el público te preste atención.

Por ejemplo, si te perciben dudoso, nervioso, poco preparado y aburrido, automáticamente la gente bajará su persiana mental y emocional, y se desconectará de ti y de lo que tienes para compartir.

En cambio, si te ven con la energía alta, posición erguida, propuesta gestual apropiada además de tu tono de voz enfático sin ser agresivo ni chocante, hasta el tema más básico puede convertirse en atractivo.

En escena es tan importante lo que quieres transmitir como la forma en que lo haces.

Desde esa perspectiva, la determinación es la forma de plantarte sobre el tema que vas a compartir, la fuerza, la convicción y la entereza que sostendrás de punta a punta durante todo el tiempo. El público lo percibirá y te reabastecerá de energía cuando sea necesario.

Es ese puente que tenderás entre tú y el público el que marcará un punto de conexión muy especial. A veces podrías sentir como que una voz interior o superior te sopla al oído las palabras apropiadas, y tus ideas fluyen y vuelan. Te sientes seguro, confiado, entero y sumamente conectado. Estás presente.

Para estimular esta conexión que te recomiendo que profundices y logres, es fundamental el respeto por el público.

Cuando estás al frente no existe nada más sagrado que las personas, incluido tú mismo.

El acto de hablar en público encierra magia, poder y sentimientos. Hay una gran dosis de emocionalidad en cada presentación, por lo que has de respetar bajo todo punto de vista a las personas. Se lo merecen, incluso cuando te hagan preguntas incómodas, o alguien quiera interrumpirte continuamente, o no te guste el público que te tocó.

El respeto es básico; y aquí van cuatro tips para aplicarlos desde hoy en cada ocasión:

  • Honra a las personas.
  • Trata al público como quieres que te traten. No te enojes, no lastimes ni te muestres soberbio e hiriente.
  • Sé claro en tus conceptos, simplifícalos y grafícalos todo lo más que puedas
  • Evalúa las curvas emocionales de tu presentación, y cómo los asistentes están acompañándote.

Como vemos, el auto conocimiento es la llave real para mejorar tu oratoria y cada oportunidad de hablar en público. Si no te conoces podrías transmitir información, aunque posiblemente no vas a conectar. Y si no conectas, la experiencia será una más del montón.

Para lograrlo, la mejor forma de hacerlo es el entrenamiento continuo. Tomar unas clases o un curso esporádicamente es algo muy bueno; aunque esta es una habilidad que hay que practicar permanentemente; es como un nuevo idioma que empezarás a integrar.

Te sugiero que empieces a trabajar no sólo los aspectos formales de hablar en público, storytelling, presentaciones efectivas y todos los nombres que se te ocurra; sino que también que te involucres para auto-reconocer-te en tu “voz” en este rol de comunicador y de vocero de tu empresa o actividad. Esto resulta esencial para reformular tus formas de presentación de cualquier tipo para que tus buenas ideas y conceptos lleguen mejor, y logres transformarlos en experiencias motivantes desde ti hacia el corazón/mente de tu audiencia.

Daniel Colombo
Facilitador y Master Coach Internacional especializado en CEO, alta gerencia y profesionales; conferencista internacional; motivador; autor de 28 libros y comunicador profesional.

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