"Estoy quemado": El síndrome de burnout

Enseñar y aprender en situaciones complejas y contextos de pandemia originan desigualdades y comorbilidades.

Programar contenidos pedagógicos para ser aplicados mediante métodos que ignoren, desde las realidades a las modificaciones orgánicas inevitables e indetenibles a las que someterán a los destinatarios, como así a los miembros de su entorno, convierte el placer por enseñar, estudiar y aprender en procesos no pocas veces torturantes y perjudiciales para la salud.

Agravarán enfermedades existentes y/o facilitarán la adquisición de otra/otras que coexistirán cuando se planteen exigencias administrativas inalcanzables para muchos hogares de no docentes y aun en muchos docentes.

¿Estoy afirmando que se están presentando exigencias administrativas, de enseñanzas, de estudios que enferman? Sí.

Cuando ante el planteo de exigencias administrativas, de enseñanzas o de estudios, se perciben sentimientos de desagrado, ansiedad, angustia, desasosiego, temor, displacer, incomprensión, desconsideración y/o deshumanización institucional y provoquen llanto, alteraciones de memorias, alteraciones higiénicas - dietéticas como abandono en el aseo personal, alteraciones alimentarias, de la lívido, del sueño, conductuales, los daños orgánicos debidos a esas exigencias impropias, ya se han producido y evolucionan hacia su cronicidad si no son diagnosticados y asistidos precozmente.

En las circunstancias actuales, las situaciones de encierro de amplios sectores sociales con mínimos o nulos recursos de comunicación mediante internet, determinan desigualdad de oportunidades.

Tal panorama se agrava al estar comprendidos en él, los adultos que no alcanzaron la preparación tecnológica ni pedagógica suficiente para acompañar y/o asesorar a sus hijos/as en la comprensión, enseñanza y estudio de los contenidos demandados a distancia por el sistema educativo.

De este análisis no se deben exceptuar a docentes que tampoco tuvieron la oportunidad de alcanzar una formación tecnológica apropiada y con la eficacia que les es requerida hoy.

En estas consideraciones no deben obviarse en ellos/ellas las privaciones eventuales de todo tipo que incluyen a las de subsistencia diaria, la falta de empleo o el temor a perderlo y la falta del espacio edilicio mínimo habitable para el desarrollo de las acciones educativas en el hogar.

Esta delicada situación se incrementa por la falta de valoración que hace el sistema educativo acerca de los reales efectos que imponen las circunstancias expuestas, en las personas como pretendidas beneficiarias, porque alcanzan también a quienes tienen la responsabilidad de concretarlo en la práctica. Es decir, a los docentes.

De estos desatinos y como lamentable correlato se está obteniendo sin poder evitarlo, la gestación masiva del síndrome de Burnout que no se limita ni detiene en los actores directos sino que, por los cambios conductuales de los afectados se proyecta socialmente a aquellos con quienes conviven de manera continua o con frecuencia sean familiares y/o amigos.

Por ausencia de programas preventivos y prospectivos el síndrome de Burnout hoy, está presente, en pleno desarrollo masivo y es altamente perturbador para la salida con menos consecuencias de la pandemia.

Teniendo como propósito alertar a todos los que pueda llegar, para mejor comprensión de estas situaciones que enferman sin contagiar, considero prudente ofrecer para acordar algunas definiciones.

Qué es el Síndrome de Burnout

El Síndrome de Burnout se produce en las personas cuya actividad laboral le exige ocuparse de otros, con quienes están con comunicación directa o indirecta de manera diaria o frecuente.

Como por ejemplo los trabajadores sociales, los de sanidad, médicos, psicólogos, enfermeros, los cuidadores de ancianos, los docentes o personas de otros grupos de profesionales como los agentes penitenciaros y otra fuerzas de seguridad.

Este problema de salud aumenta en las personas con grandes cargas familiares.

Es importante señalar que el síndrome de Burnout tiene consecuencias o perjuicios (negativas), siempre a nivel orgánico y sus correlatos mentales o psíquicos son también inevitables.

Las alteraciones que produce son integrales, no quedando libre de sus daños ninguna estructura especifica del organismo y como si esto fuese poco, es disparadora frecuente de enfermedades concomitantes

Se estima que, aproximadamente, el 10% de todos los trabajadores que ocupan puestos en grupos laborales de riesgo están afectados por el síndrome de Burnout.

Entre el 20 y el 30% de las personas que trabajan en estas áreas corren el riesgo de sufrir el “desgaste profesional”.

Según diferentes autores, entre un 25% de profesores, de un 30 a un 50% de médicos y de un 20 a un 30% de enfermeros sufren este síndrome (cifras mundiales)

Entre los síntomas más comunes se pueden mencionar la depresión y ansiedad, las cuales son responsables de la gran mayoría de las bajas laborales.

El Síndrome de Burnout familiar

Sin dudas son los afectados en porcentajes más elevados porque involucran a la mayor parte de la población que no integra ningún grupo profesional. Son quienes deben hacerse cargo de su familia estando en condiciones desfavorables y con escasas probabilidades de soluciones en el corto o mediano plazo.

A pesar de la gravedad de sus efectos, el Síndrome de Burnout es una enfermedad previsible y prevenible, pero ello requiere conocer su existencia y respetar los fundamentos de sus orígenes, evoluciones y complicaciones.

Es realmente un flagelo pero con decisiones administrativas apropiadas y programas destinados a la Educación para la Salud pueden evitarse nuevos casos y reducir la magnitud de los daños de los que ya existen.

La vida no tiene involución, instaladas las alteraciones biopsicológicas no tiene cura, solo mejorías. Este concepto aunque cruel, debe ser claro: hablar de curar sin eufemismos quiere decir que las estructuras que se enfermaron deben volver a ser iguales a como lo eran antes de haber sido injuriadas, lo cual es altamente improbable.

La integración evolutiva de memorias patológicas que construyen, se afianzan por la arquitectura plástica de la organicidad del Burnout.

Tomar real conciencia que, esta patología evoluciona hacia la cronicidad comprometiendo severamente la identidad de quienes las padecen y que a su vez, sin que se trate de un virus ni de bacterias y sin proponérselo por cierto, lo transfiere en todos los ámbitos de su pertenencia, principalmente a la familia por imponer en el estilo de vida, las conductas que expresan las alteraciones bio psicológicas que padecen. Por momentos pareciera olvidarse que se trata de seres humanos y en tal dirección estimo ilustrativo recordar algunos conceptos como por ejemplo

¿Por qué se es ser humano?

Se es ser humano por el cerebro.

La persona aunque obvio:

  • No es una cosa
  • No es una abstracción
  • No es un rótulo
  • No es una teoría
  • No es un número
  • No es un robot

Pero a veces es tratada como alguna de estas adjetivaciones

¿Qué es la persona?

Definición universal aplicable en condiciones de la salud o de la enfermedad.

La persona: Como unidad vital, es un sistema dinámico de información bio-psicológica en continuo producido por secuencias de etapas y momentos. Por ende la persona es por sus memorias y su futuro dependerá del empleo que haga de sus aprendizajes significativos consolidados. Porque ellos son los productos emergentes desde las memorias integradas que fundamentan orgánicamente la evolución de su identidad. Ante lo expuesto cabe que acordemos.

¿Qué es la vida?

La vida es una sucesión de etapas o vivencias biopsicológicas irrepetibles, asociadas en momentos indetenibles e integrados en memorias o experiencias. Así el presente, cuya fugacidad lo convierte en irregistrable, le Impone la dinámica al pasado, que no es inamovible, habilitándolo para proyectarse hacia su futuro insalvable.

¿Qué son las etapas?

Las etapas: son ciclos o vivencias biopsicológicos cerrados pero no fijos.

Una etapa se inicia, desarrolla y finaliza, lo cual involucra a las variables del tiempo que transcurre y a las modificaciones orgánicas totales que le imponen los mensajes que reciben los órganos de los sentidos al ser activados por las circunstancias o realidades debiendo procesarlos orgánicamente y de manera obligada para continuar existiendo.

El final de una etapa o ciclo, determina el inicio de la que continúa, asociada a ella pero será procesada en distinto tiempo por el organismo modificado por la etapa anterior. Esta dinámica natural no se detiene durante el sueño y documenta la continuidad de la vida.

No se puede volver a ninguna etapa de manera circular e iniciarla nuevamente, como si el tiempo no hubiese pasado y las modificaciones orgánicas no se hubiesen producido. Pues el tiempo transcurrió y en cada etapa todo el organismo de la persona cambió.

Coloquialmente es habitual escuchar : “ya está” o “ya fué”.

Afianzado el concepto diré que durante su evolución, la vida no utiliza ninguna de las partículas que integran al organismo para procesar dos veces la misma información, porque ninguna vivencia se repite en distintos tiempos y con igual pasado personal.

Por ende la dinámica biopsicológica evoluciona sin momentos fijos o constantes, todo es continuo y en orden a las exigencias renovadas del universo circunstancial o “estilo de vida” al que pertenece e integra la persona.

Con el devenir de la vida, no se puede -como en el juego de naipes- barajar y dar de nuevo, por eso referenciamos ayer, hoy y mañana. O lo que es igual, la evolución de la vida tiene un antes, el ahora y el después.

¿Qué son los momentos?

Los momentos son períodos de tiempo durante el cual se construye un aspecto específico de la vida según las potencialidades y/o vulnerabilidades heredadas o adquiridas culturalmente.

Los momentos son continuos, cada uno de ellos carece de finalización como las etapas de las cuales nacen al asociarlas y expresan estrategias connaturales de la vida para dar continuidad a su existencia e integrarlas en el desarrollo de identidad* hacia el futuro.

*Del latín identĭtas: es el conjunto de los rasgos propios de un individuo. Siempre productos inevitables y emergentes de la arquitectura cerebral.

Sus orígenes se documentan desde la identidad de espermatozoides y óvulos de cuyos “diálogos” moleculares y metabólicos acuerdan la fecundación y la concepción, compartiendo y unificando sus identidades para, como producto, otorgar los fundamentos biológicos inapelables de la identidad del nuevo ser.

Así, su desarrollo responderá a las identidades coordinadas y cooperativas de átomos, moléculas, células, tejidos, órganos y sistemas de órganos culminando con la identidad de la persona expresada mediante comportamientos y conductas.

El síndrome de Burnout también afecta a los procesos de fertilización, concepción, gestación y nacimiento dañando ambas vidas. Madre-feto-recién nacido.

No se evalúan los efectos de las realidades en el desarrollo de cada persona ignorando que son inevitables, indetenibles, incorregibles e imborrables para la construcción de la identidad y la continuidad de la vida.

Cada organismo, para este proceso connatunal de la evolución, deberá obedecer a las exigencias del medio ambiente circunstancial o “estilo de vida”, al que está obligado a responder para desarrollarse y lo hará, en cada instante vivido, según programaciones heredadas y culturales para sus potencialidades y/o vulnerabilidades.

De esta manera y aunque también es obvio, insisto en que por ser circunstancial debe advertirse que ni los sentidos, ni el cerebro seleccionan los mensajes que reciben desde los órganos de los sentidos. Sólo los procesan como vivencias y algunos serán almacenados como memorias integradas. Ellas son los fundamentos neurobiológicos de las experiencias y sus productos son los aprendizajes significativos consolidados.

Por lo ya expuesto es fácil deducir, que de un medio ambiente con códigos comunicacionales patológicos, como los que integran las condiciones de encierro de los que no deben excluirse algunas normas institucionales, todos los actores de la comunidad educativa con sus más y sus menos padecerán como correlatos obligados enfermedades biopsicológicas evolutivas de distintas gravedades.

El drama planteado por el tema que hoy me ocupa, es el contenido patológico continuo que integra el medio ambiente de la geografía laboral y/o familiar, impropiamente evaluada para mejorar las condiciones de promoción, prevención de la salud y la asistencia precoz de las personas involucradas.

Tampoco se evalúan sus vulnerabilidades ni se consideran que, la construcción de la identidad en cada instante en ese ámbito, no se termina cuando se cumple con las tareas asignadas como si se cerrara una puerta en el cerebro y se apagaran las memorias para el descanso como si fuese una PC.

Nadie puede aislarse de lo vivido durante cada día de manera que, si el marco emotivo cognitivo, creado y recreado por la reciprocidad de lo que cada uno brinda y de lo que recibe es anormal y caracterizan al “síndrome del quemado” o de Burnout, el daño orgánico ya se ha producido y es evolutivo hacia la cronicidad.

Todo lo que construyen molecularmente las estructuras de la vida como respuestas inevitables a las exigencias del medio, no se deconstruyen para reconstruirse. Pero lo construido puede ser alterado o destruido por múltiples patologías impuestas.

Toda la comunidad educativa avanza en el padecimiento de estas enfermedades, por no entender o -lo que es peor- ignorar los efectos orgánicos reales e inevitables que imponen los mensajes de las exigencias impropias de las circunstancias cotidianas en la actualidad.

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Por Dr. Osvaldo Panza Doliani / Neurociencias y Educación / Investigador y Profesor Universitario