Enrique Shaw, el primer empresario argentino que podría ser declarado santo: Su obra en hechos

Un hombre de acción solidaria que supo contradecir con hechos el estereotipo codicioso del ejercicio de su rol, y dedicó una vida entera a crear oportunidades

 
“Debemos crear trabajo y cuánto más eficiente sea nuestra labor, más recursos tendrá la Providencia, para repartir entre los pobres y los necesitados”. Esta era su consigna en la profesión, en la vida, consigo mismo y con su prójimo. Estas palabras fueron emitidas y ejercidas con valentía y coherencia por el empresario argentino, Enrique Shaw un hombre de acción solidaria que supo contradecir con hechos el estereotipo codicioso del ejercicio de su rol, y dedicó una vida entera a crear oportunidades.
 
Hoy la figura y la memoria de Enrique Shaw resignifica su alcance y trascendencia en la memoria colectiva ante su posible canonización ya que quien postuló al empresario argentino fue el Papa Francisco, en el año 1997 cuando por entonces era el cardenal Jorge Bergoglio.
 
De confirmarse la beatificación, Shaw sería el primer empresario argentino en ser consagrado santo y su postulación se encuentra en las etapas finales. El 19 de septiembre, en la Universidad Católica Argentina (UCA), se llevó a cabo la ceremonia de clausura de la fase diocesana sobre esta causa y en este sentido, arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mario Poli, destacó: “Enrique Shaw tuvo a la Doctrina Social de la Iglesia como inspiración en su quehacer empresarial, que para él era un apostolado, un servicio al prójimo, encarnado a través del personal de la fábrica que dirigía: empleados, obreros y sus familias”.
 
Shaw no sólo se dirigía a todos y cada uno de lo integrantes de su personal por su nombre y apellido, se interesaba por conocer sus historias de vida, cuáles eran sus necesidades espirituales, emocionales y materiales. Comprender todas las biografías de sus empleados, muchas veces signadas por la falta de oportunidades y la ausencia de motivaciones para el progreso, eran su más poderosa arma para ayudarlos a creer y crear un provenir signado por la educación y el trabajo como las autenticas herramientas para crecer con un pie firme en la dignidad, el crecimiento y la nobleza.
 
Para Shaw la rentabilidad y competitividad de una empresa eran parámetros y posibilidades de inclusión. Fue un hombre de renuncias personales y de capitalización de recursos económicos y humanos a favor de su prójimo, tanto dentro de la organización que dirigía como en centros y asociaciones a favor del los más necesitados.
 
Su pensamiento fue su obra: “Que en la empresa haya una comunidad humana; que los trabajadores participen en la producción y, por lo tanto, den al obrero el sentido de pertenencia a una empresa; que le ayude a adquirir el sentido de sus deberes hacia la colectividad, el gusto por su trabajo y de la vida, porque ser patrón no es un privilegio, sino una función”, sostenía el empresario y su ejercicio cotidiano avalaba y legitimaba sus palabras.
 
Enrique Shaw falleció a los 41 años de edad, el 27 de agosto de 1962, y fue el hombre que no sólo le cambió la vida a todas las personas que ayudó con su fuerza y acción solidaria. El empresario se convirtió en una persona que inspira y guía a todos quienes creen que el verdadero y legítimo progreso se ejerce dando el ejemplo.

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Por Eugenia Plano