Creer, confiar, hacer: La única posibilidad es seguir tu corazón

Steve Jobs rompió todos los paradigmas tecnológicos, pero por si fuera poco, se ha convertido en un emblema de la vocación, el esfuerzo y el talento.

Fue un hombre que cambió el mundo. No es un halago exagerado o una cita voluptuosa que se usa como recurso para ensalzar a una figura pública, es literal. Steve Jobs rompió todos los paradigmas tecnológicos pero por si fuera poco, se ha convertido en un emblema de la vocación, el esfuerzo y el talento.

Su legado es tangible. El mercado tecnológico es sólo uno de los lugares donde se puede encontrar a Steve Jobs, el otro es la vida. Un ejemplo de cómo el ideólogo y fundador de Apple se convirtió en un ícono del siglo XXI, es cómo expresó su trayectoria en el trabajo, en el amor, en la amistad, en las dificultades, los rechazos y los aciertos, durante un discurso de graduación que impartió el 12 de junio de 2005 en la Universidad de Standford.

En aquella oportunidad, relató la historia de su vida. Lejos de las mega producciones con las que presentaba cada lanzamiento de su compañía, esta vez la sencillez brilló por su presencia. En tono amable, humilde, empático y con un gran carisma, contó los hechos que signaron su biografía.

A su primera historia la tituló: "Conectar los puntos" ¿De qué se trata? Su relato comienza anunciando que el paradigmático fundador de Apple, héroe de universitarios y ejemplo de creatividad en la tecnología, sólo asistió a la facultad 6 meses. "¿Por qué la dejé?. Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven estudiante de universidad, soltera, que decidió darme en adopción. Ella creía firmemente que debía ser adoptado por estudiantes graduados. Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa, pero ellos querían una niña. De ese modo, mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles: tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren? Ellos contestaron: Por supuesto".

Ese niño fue tan querido por sus padres del corazón, que destinarían lo posible y lo imposible para concretarle sus sueños. Ellos eran obreros, y con gran sacrificio ahorraron un dinero que se destinaría a la educación de Steve. Y así fue a los 17 años, fue aceptado por una de las universidades más costosas y prestigiosas del país: Stanford. "Ingenuamente elegí una casa tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres, de clase obrera, se fueron en la matrícula. Seis meses después yo no había sido capaz de apreciar el valor de su esfuerzo. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y ahí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda una vida", afirmaba Jobs.

Entonces, decidió tomar una medida drástica: dejar la universidad. No fue fácil, sentía que ya su destino no estaba contenido por una profesión o un futuro que el conocimiento académico le podía garantizar. Entonces, para no tirar todo por la borda, prescindió de las clases obligatorias y asistió irregularmente como oyente, a las que sí consideraba interesantes.

"Me encantaba. La mayoría de cosas con las que tropecé, siguiendo mi curiosidad e intuición, resultaron ser posteriormente inestimables. Por ejemplo, en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país. Todos los afiches, todas las etiquetas de todos los cajones estaban bellamente escritos en caligrafía a mano en todo el campus". Por ese entonces, estudió caligrafía sólo por gusto, y en aquel momento no le encontraba ningún tipo de aplicación práctica. Pero el tiempo le demostró cómo todo tendría un sentido.

Diez años después, cuando Steve Jobs estaba diseñando el primer ordenador Macintosh, su tipografía hizo la diferencia en el mercado. "Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, el Mac nunca habría tenido múltiples tipografías o fuentes proporcionalmente espaciadas", reconoció.

¿Cuál es el mensaje tras una historia en cual las decisiones, en su momento, parecían erradas? "Era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Sin embargo, fue muy, muy claro mirando hacia el pasado diez años después. Reitero, no podés conectar los puntos mirando hacia el futuro; solo podés conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tienen que confiar en que los puntos, de alguna manera, se conectarán en su futuro. Tienen que confiar en algo, lo que sea. Nunca he abandonado esta perspectiva y es la que ha marcado la diferencia en mi vida".

Una madre biológica empecinada con dar a su hijo a universitarios, unos padres del corazón que dieron lo imposible por convertirlo en un ser feliz, un joven que creía equivocarse, pero en el camino intuía, creía, trabajaba y creaba. Este es el inicio de la biografía de un hombre que siempre estaba soñando.

Otra gran muestra de su genialidad también se remite a su adolescencia. Cuando tenía 17 años leyó una cita que decía: "Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto".

La frase lo impresionó de manera tal que partir de entonces, cada mañana se miraba al espejo, y se preguntaba: "Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer? Y cada vez que la respuesta era "no" por varios días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo".

"Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón", aseguró Steve Jobs.

Lo más revelador y conmovedor de este gran mensaje es que cuando el fundador de Apple pronunció este discurso en el 2005 todavía no había sido diagnosticado con cáncer, hecho que ocurrió un año después. Pero, quizá como una sorpresa para nosotros, quien tomaba la intuición como su guía parecía ir un paso adelante de las reglas de la vida cotidiana.

"Nuestro tiempo tiene un límite, así que no lo pierdan viviendo la vida de otra persona. No se dejen atrapar por dogmas, no vivan con los resultados del pensamiento de otras personas. No se permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencie su voz interior. Y más importante todavía, tengan el valor de seguir su corazón e intuición, porque de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario".

Así Steve Jobs terminaba su discurso en la Universidad de Stanford. Palabras de alguien supo creer, confiar y hacer de la vida un sueño.

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Redacción