Cómo fijar objetivos (y no diluir en el intento)

El entusiasmo y evitar la zona de confort son las reglas de oro para cumplir propósitos. Cómo fijar metas y no dejar que la cotidianidad nos gane.




Por Barbi Alloatti

@barbialloatti

 

Ya estamos por cumplir el primer trimestre del año... Una de las tradiciones más comunes al finalizar un año, es hacer un balance y escribir una lista de objetivos a cumplir para el año entrante. ¿Cuántos de esos objetivos ya has completado? Si la respuesta es casi ninguno o ninguno, no te preocupes: es más común de lo que parece.

Muchas veces las emociones que nos generan las oportunidades de un nuevo año se diluyen con el pasar de los meses. La rutina es la principal enemiga de la innovación y renovación, ya que el día a día nos arrastra en un ciclo en el que solemos hacer siempre las mismas cosas y no enfocarnos en esas metas que queríamos lograr. Entonces, ¿cómo fijar objetivos y no diluir en el intento?

La clave para poder conseguir ese nuevo empleo, finalizar la carrera universitaria, terminar de remodelar la habitación o terminar un ensayo, está en el nivel de conciencia que se pone sobre esas metas para completarlas.

En ese trabajo interno, la pregunta que nos debemos hacer es si le ponemos la debida atención y conciencia al logro de nuestros objetivos, o si simplemente esperamos que sucedan de manera mágica. La respuesta la conocemos todos: depende únicamente de uno mismo que las metas se cumplan, el reto está en enfocar nuestro tiempo y energía en su realización.

Un gran impulsor que enfoca la energía al lugar adecuado es el entusiasmo: recordar siempre qué nos llevó a desear ese objetivo y qué sentiríamos al lograrlo (deseo viajar y recorrer el mundo, para eso necesito tener el dinero necesario, porque lograr eso me dará felicidad plena).

Un primer paso para lograr los propósitos es fijarlos: un buen ejercicio es escribir en una hoja de papel cuál es la meta, y en base a eso, cuál es la estrategia que se debe llevar a cabo para lograrla. Pareciera mentira, pero el simple hecho de escribir nuestros deseos ya hace que empecemos a alcanzarlos, porque nos predispone a comprometernos y cumplirlos.

El éxito real es el resultado de pequeños pasos y logros que vamos alcanzando en el camino. A veces este recorrido parece largo, pero no se debe perder el horizonte para recordar porqué estamos en ese camino.

Cuando te sientas frustrado porque ese camino es largo, o porque no observas al corto plazo los resultados, es importante que no caigas en los pensamientos autodestructivos (“no sirvo para esto”, “lo puedo hacer en otro momento”). Concéntrate en lo que sí está funcionando y avanzando, y enfoca tu energía en ese proceso positivo para seguir avanzando. Eso te ayudará a seguir obteniendo mejores resultados.

No tengas miedo de salir de tu zona de confort y dar grandes pasos y tomar enormes decisiones. Dicen que la zona de confort es un lugar muy lindo y cómodo, pero que nada nuevo crece allí. No podemos esperar nuevos resultados si continuamos haciendo lo mismo.

Fijar objetivos nos ayuda a tomar el timón de nuestra vida hacia nuestros sueños, y conseguirlos. Tener metas y propósitos nos da la motivación y el impulso necesarios para buscar siempre los nuevos ciclos que nos hagan crecer.

Imaginemos siempre todo el gozo y satisfacción que nos dará concretar esos propósitos que estamos aplazando, y eso nos dará el empuje necesario para dar nuestro mayor esfuerzo.