Políticas económicas a largo plazo, la clave del progreso para los sectores públicos y privados

En economía existe una variable determinante de la estabilidad en los índices de desarrollo y crecimiento: el tiempo.



Tanto en sus aspectos públicos como privados las estrategias formuladas en el corto, mediano o largo plazo establecen la prosperidad o la caída de los planes aplicados en torno a la obtención de resultados.

La política económica concentra una serie de visiones y estrategias que formulan la puesta en práctica de ciertas herramientas y acciones vinculadas a las políticas fiscales y monetarias que determinan y generan efectos sobre el gasto público, la actividad productiva y financiera de las empresas y pymes, el nivel de rentabilidad y competitividad en el mercado externo y sobre todo, el índice de bienestar a nivel social.

La performance económica de un país depende, en gran parte, de las medidas estructurales que el Estado implementa en el corto y largo plazo, siendo estas últimas las que determinan el crecimiento de la economía más allá de una coyuntura específica y particular.

Pensar a largo plazo

La implementación de una política pública que proyecta a futuro crea escenarios y oportunidades propicias para la integración de estrategias de desarrollo entre los sectores estatales y privados brindando incentivos, estímulos y condiciones adecuadas para el incremento y la maximización de las posibilidades productivas, el aumento de la rentabilidad y la optimización del status competitivo de la economía local en el mercado global.

Un país, una institución, una empresa o una pyme exhiben su liderazgo cuando trascienden las circunstancias y son capaces de capitalizar el planeamiento estratégico de sus operaciones y resultados en el largo plazo. En este sentido, el premio Nobel de Economía Finn Kydland, establece un parámetro muy claro sobre cuál es el origen de las mayores crisis económicas actuales: "la enfermedad de la incongruencia temporal".

El premio Nobel considera que aquellos países que adoptan sólo decisiones económicas en el corto plazo, perjudican así, la productividad de su economía. Por ejemplo, medidas cortoplacistas como las reducciones impositivas “tienen en general poco efecto sobre la marcha de la economía, mientras resulta más rentable destinar el gasto a estimular la productividad a largo plazo“, sostiene Finn Kydland quien además asevera que las políticas económicas a corto plazo sólo generan incertidumbre e impiden un crecimiento sostenido.

La productividad es el motor de la economía

Y su sostenibilidad en el tiempo es determinante para la generación de empleo masivo, la posibilidad de ingresar y perdurar en el mercado externo y además, posicionarse como un país competitivo en el escenario global. Todas estas variables corresponden a la adopción de políticas económicas a largo plazo y son hoy fundamentales en un contexto de una nueva economía global que insta a la innovación del proceso productivo y al desarrollo de nuevos mercados de manera constante.

En el sector privado, la adopción de una visión y una efectiva gestión, planificación y proyección de estrategias tendientes al crecimiento exponencial es determinante para lograr su rentabilidad en el tiempo. Es decir, la coyuntura sólo insta al presente inmediato y a la especulación financiera. Ante la ausencia de sostenibilidad, los resultados son cortoplacistas y por lo tanto, ineficaces.

Proyectar a largo plazo no sólo es tener visión comercial a futuro, fundamentalmente implica invertir recursos propios, saber trascender las circunstancias políticas, económicas y financieras de un país en particular y por sobre todas las cosas, crear y desarrollar un producto, un bien o un servicio innovador cuyo origen sea intrascendente y prime su excelencia y calidad a nivel mundial.

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