[ 28/4/2012 ]
28 de abril 2012
¿Por qué presenciamos el éxito de la nostalgia? ¿Somos protagonistas de una época poco creativa? La posmodernidad, ¿cree que todo tiempo pasado fue mejor?
La nostalgia hace algunas décadas atrás, era un sentimiento que tenía como protagonista a la tercera edad. Es decir, quien estaba llegando al final de su vida recorre las palabras, los hechos y los acontecimientos que signaron su vida. Hoy la concepción de melancolía ha cambiado rotundamente. En la actualidad los jóvenes son los que reivindican tiempos pasados, escuchan bandas de los años ´60, se visten con la moda de los años ´80 y pertenecen a grupos juveniles que añoran el nihilismo punk.
Presenciamos una época que se dice posmoderna, y su cultura exalta el pasado ¿Por qué? En la definición del término, quizá se encuentre alguna de sus causas. Para la teoría psicoanalítica la nostalgia es consecuencia de la insatisfacción con la realidad, la frustración o el inconformismo. El nostálgico encuentra su refugio en el pasado ya que en el presente no ha encontrado su bienestar.
El sociólogo Chen Huizhong, profesor adjunto de la Universidad Huazhong de Ciencia y Tecnología en China, brinda su visión acerca de esta tendencia: “el hecho que los jóvenes, sientan nostalgia, es un síntoma de que la sociedad está experimentando un cambio y un desarrollo tan rápido que reemplazan cosas sin dar tiempo a que sean asimiladas. Así, la nostalgia es un resumen del pasado y una preparación para el futuro”.
El sociólogo chino considera que hoy el mercado de la nostalgia le ofrece a la sociedad una “válvula de escape para desahogar los sentimientos negativos” pertenecientes a la posmodernidad.
Uno de las mayores muestras de esta vuelta pasado, es la industria. En el caso de la moda, la idealización de otras épocas está a la orden del día. La mayoría de los diseñadores de renombre mundial, como Karl Lagerfeld (Channel), Marc Jacobs (Louis Vuitton) o Stella Mc Cartney, entre otros, han diseñado sus colecciones de los últimos diez años inspirados en la décadas de ´50, ‘60, ‘70 y ‘80. En el mercado fashion el lema es “cuánto más antiguo, más moderno”.
Hoy también presenciamos el auge del “vintage”. Prendas, zapatos y accesorios de otros tiempos que hoy no sólo han recobrado su valor sino hasta pueden costar más dinero que antes. En todo el mundo se encuentran tiendas especializadas en el rubro y no hay quien no quiera atesorar un atuendo del pasado ya que hoy el ayer es “el último grito de la moda”.
Dentro de las diversas expresiones artísticas, la música es sin dudas uno de los mayores componentes de la cultura. Hoy se observa con admiración e idealización aquellos tiempos en los cuáles Woodstock; era el punto de encuentro de los jóvenes que querían cambiar el mundo; The Wall era una manifestación musical, visual y sociológica que brindaba toda una definición clara del autoritarismo y sus consecuencias sociales; The Who definía a una generación que ya no quería más de lo mismo y The Rolling Stones y The Beatles conmovían las estructuras de la cultura juvenil.
La nostalgia por una época musical que no sólo proponía nuevos estilos melódicos, sino toda una conceptualización innovadora de la identidad del ser joven en un mundo, que antes no los había tenido en cuenta. Las nuevas generaciones, hoy reivindican a los protagonistas de aquella época.
Con la excepción de algunos artistas, hoy quienes llenan estadios mundialmente son Roger Waters, con su presentación remozada de The Wall; Paul Mc Cartney, The Rolling Stones, AC/DC, Aerosmith o algunas bandas que volvieron momentáneamente, como The Police o Led Zepellin, en el 2009.
La moda, la música, la televisión, la arquitectura , el arte y el cine, son algunas de las manifestaciones culturales que hacen de la memoria un ideal en el siglo XXI. Pero, entonces ¿no hay nada nuevo? En búsquedas de las causas y el origen de la reivindicación del pasado el sociólogo francés, Gilles Lipovetsky, en “La era del vacío”, brinda una respuesta: “Se acabó la gran fase del modernismo. Hoy la vanguardia ha perdido su virtud provocativa , y así no se produce tensión entre los artistas innovadores y el público porque ya nadie defiende el orden y la tradición. El posmodernismo barrió la carga subversiva de los valores modernistas, ahora reina, el eclecticismo cultural”. Es decir, ahora el individuo “cool” de nuestra época es quien resignifica aquellas épocas en las cuáles el arte era un vehículo de transformación social.
El marketing del pasado es la moda en el 2012. En tiempos de globalización y velocidad virtual, el hombre posmoderno extraña aquello que jamás ha vivido. El futuro ya llegó, pero el ayer es el refugio del hoy.
Foto: Marc van der Aa
Omar Romano Sforza & Eugenia Plano – www.vidapositiva.com