Infancia
Cuidemos la niñez
La posmodernidad ha arrojado todo tipo de tendencias sociales. Algunas fueron magníficos avances, pero hubo otras que nos llaman a la toma de conciencia. Y si de la niñez se trata, la prevención debería ser más profunda y activa.


[ 7/4/2012 ]

7 de abril 2012

En las últimas décadas presenciamos a un mundo adulto que encuentra grandes dificultades para criar a sus hijos. La ausencia de límites y proyecciones de un mayor de edad sobre la psiquis un niño, son algunas de las principales causas de una infancia interrumpida y en muchos casos, dolorosa. Niñas y niños que imitan aquello que se encuentra frente a sus ojos. Es decir, los mensajes que comunican sus padres o el mundo adulto en general: obsesiones por un cuerpo perfecto, un narcisismo extremo que lleva al olvido de su prójimo o la preponderancia del aspecto físico, como fórmula del éxito. El mundo adulto no sólo se encuentra representado por la institución familiar. Los medios de comunicación han consagrado un estereotipo en torno a la imagen. Los niños están expuestos constantemente a este mensaje y si en sus hogares encuentran un espejo de esta pauta o bien, nadie se ocupa y preocupa por educarlos en valores, la contradicción está a la orden del día.

¿Cómo ejemplificar esta tendencia?

Hace la edición francesa Vogue, revista de la industria de la moda, publicó una producción fotográfica que exhibía a niñas menores de 10 años disfrazadas con minifaldas, tacos y medias caladas. Las fotos lejos de un juego infantil, emulaban la seducción de la mujer. El escándalo y la polémica se desató en torno a los límites de los medios comunicación y el respeto y el cuidado de la infancia. La publicación le costó el puesto a Carine Rotfield, la editora francesa de este medio, y generó en Europa un serio debate sobre cuál es la forma de detener este fenómeno. En este marco, el 4 de marzo de este año la senadora francesa Chantal Jouanno, le presentó un informe al gobierno de su país para prevenir las consecuencias derivadas de la hipersexualización de los niños y niñas menores de 12 años.

La investigación, encabezada por la senadora y ex ministra de Deportes, concluyó que la “intrusión precoz de la sexualidad conlleva daños psicológicos irreversibles en el 80% de los casos” y además, puede provocar disturbios en el comportamiento de las niñas. Jouanno ejemplifica la peligrosidad de este fenómeno con un dato concreto. Hoy el 37% de las menores de 11 años están a dieta, y expuestas a trastornos como la bulimia y la anorexia. Con el fin de no sólo tomar conciencia sino establecer normas, la senadora propone la puesta en práctica de una serie de medidas preventivas. Una de ellas es prohibir que los menores 16 años trabajen para la industria de la moda, “con el fin de no favorecer la imagen de niños transformados en adultos”. Otra propuesta es terminar definitivamente, con los concursos de belleza para niños ya que “atentan contra la dignidad de los menores”. Estas competencias se han convertido en un negocio que genera 5.000 millones de dólares al año y sus repercusiones son noticia frecuentemente, por los atropellos de los padres hacia sus hijas, que en la mayoría de los casos, no alcanzan los 5 años de edad.

Mientras que hace tan sólo algunas décadas, los niños imaginaban el mundo adulto soñando qué querían ser cuándo sean grandes; hoy algunos padres los exhortan a vivir un sueño que no eligen, que nunca soñaron, el de ellos. La pediatra francesa, Edwige Antier, en declaraciones al periódico español El Mundo es clara sobre los peligros de este fenómeno: 'Este tipo de imágenes sexualizadas de niñas prepúberes son imágenes casi criminales. No sólo constituyen una violación del imaginario infantil sino también un mensaje perverso enviado a la sociedad. Además de proyectar fantasmas malsanos sobre unas imágenes cuya carga erótica desconocen los menores cuando participan en este tipo de sesiones fotográficas, transmiten la idea de que estas niñas tienen ya una sexualidad de adulto, lo cual es un grave error”.

No hay derecho más legitimo y justo que un niño tenga la posibilidad de vivir una infancia plena. El adulto tiene la función esencial de dar el ejemplo y educar en valores a sus hijos. La niñez sólo sucede una vez. Cuidar a los menores es la tarea básica de quienes deberían hacerlo.

Eugenia Plano – www.vidapositiva.com




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