[ 20/7/2011 ]
En el libro 'La historia de las palabras', Daniel Balmaceda -un fanático de los detalles escondidos en archivos y libros- se mete de lleno en el origen que hay detrás de más de cien términos cotidianos, porque para él 'si uno conoce mejor la historia de una palabra, la utiliza con más conciencia'.
Balmaceda recorre en breves capítulos el origen, el lugar, los animales, los inventos y las personas que dieron vida a determinadas palabras y que encierran un concepto.
'La identidad de la palabra revela muchos datos a quienes investigamos hechos históricos y buceamos en archivos, uno de los objetivos de este libro es generar el deseo de detenernos frente a una palabra e intentar conocer su historia', escribe en el prólogo.
En una entrevista con Télam, el autor de 'Biografía no autorizada de 1910' sostuvo que 'hay un crisis en el lenguaje, que es natural por las nuevas tecnologías y por la globalización. Se pierde mucha relación con las palabras y vivimos evocando términos que usábamos hace 20 o 30 años y que son parte del pasado y de nuestra raíz'.
'Es importante poder conocer el vocabulario que nos agrupa a todos, por ejemplo, cuando decimos patovicas también hablamos de unos patos que nuestros abuelos comían en la década del 30. Me parece un lindo ejercicio', adelanta este hombre de pocas y certeras palabras, valga la redundancia.
No sólo se adentra en la historia de Víctor Casterán, el creador de un establecimiento de cría de patos 'gallardos' en Ingeniero Maschwitz, también se introduce en las vidas de King Camp Gillete, Joseph Guillotin, Mr. Boycott, Mr. Lynch y Earl Silas Tupper que forjaron epónimos con sus inventos, ideas y acciones, usados de manera cotidiana por la gente.
El caso 'boicot' proviene del primer hombre que tuvo que soportarlo: Charles Cunningham Boycott, un inglés retirado que administraba extensas tierras en Irlanda y que luego de una mala cosecha, impuso altos precios a sus arrendatarios. El resto es la historia de cómo la acción de todo pueblo contra este hombre se convierte en un verbo: boicotear.
Balmaceda había trabajado en ese tema hace más de un década en la revista especializada Idiomanía. En su libro, editado por Sudamericana, toma esa idea original y la profundiza: 'Quería quitar el velo de desconocimiento sobre muchas palabras. No se trata de un libro de etimologías, no está escrito ni en formato diccionario.', indica. 'Esto va más allá'.
Y significa que el lector se encontrará con la historia de 'cómo nació una palabra, se fue ampliando a través del tiempo y llegó a nosotros, en algunos casos con grandes modificaciones. Es la vida de la palabra', puntualiza.
Los términos de origen quechua, náhuatl y maya quiché que se incorporaron al español son muchos y de diferentes significados, también la cultura taína aportó lo suyo. Quizá el vocablo más bienvenido por los primeros navegantes españoles fue 'hamaca', que no sólo era un palabra nueva, sino un hallazgo de confort que modificó para siempre las condiciones de vida de los tripulantes.
Hay historias surtidas y para todos los gustos, como la del joven porteño de la alta sociedad del siglo XIX, Floro Madero, que sin querer y luego de un atracón de batatas fritas inventó el término 'abatatado'.
En esa línea, Balmaceda se metió de lleno con las palabras 'nutritivas' y sus derivaciones. De dónde viene restaurante, el 'desayuno' o aquello que se come para dejar de estar en ayunas, la 'cola de gallo' o el cocktail y el origen griego de canapé, son algunos ejemplos curiosos.
Muchas confusiones y distracciones también dieron origen a vocablos como 'galimatías' que significa discurso confuso y que viene precedida de una leyenda de errores y trastabilleos. También los pequeños accidentes domésticos como los cortes de Josefina que anticiparon la creación de las curitas o enfermedades, como el reuma del hijo de Don Jacuzzi.
Los toponímicos en los apellidos, o las formas de bautizar a los niños abandonados como el célebre caso de Benito Juan Martín o Benito Quinquela Martín son relatos que completan este rosario de historias.
Entre la mitología, Balmaceda rescata algunos ejemplos que derivarán en palabras habituales como 'Méntor' (transformada en mentor) que fue el maestro y tutor de Telémaco, hijo de Ulises; 'Caco', el ladrón de hacienda de Hércules o la vida de 'Juno Moneta', protectora romana de la acuñación de metales.
La tarjeta amarilla en el fútbol como tal tuvo un debut relativamente reciente, luego de que Ubaldo Antonio Rattín en 1966 fuese amonestado y expulsado por estirar su pierna para detener al inglés Bobby Charlton.
El árbitro Ken Aston -que había sido testigo de esa injusta expulsión- manejaba un día por la ciudad de Londres y un semáforo lo inspiró para idear el sistema de tarjetas, que se estrenaron en 1970.
Cuando el autor se refiere a la conciencia del uso también aclara: 'no quiere decir que el mueble que se utilizaba para guardar las armas (armario) debería volver a ser ese tipo de mueble, ni que el hombre de confianza del rey que conocía todos los secretos (el secretario) vuelve a tener la misma función, esta es una invitación con un fin casi lúdico', le sugiere al lector.
Sin respiro, Balmaceda abre la puerta a un mundo con letra para rato porque las palabras nacen, mutan, se reproducen, mueren y vuelven a nacer.
'La historia de nuestras palabras es la historia de nuestra propia vida, por eso son muy valiosas, si queremos sacar provecho de ellas, debemos conocerlas mejor', aconseja el escritor.
Fuentes: www.elesquiu.com | www.danielbalmaceda.com