Ciencia y Tecnología
El fin de una era en la exploración espacial
Hoy se lanza el último transbordador. Se despide una nave que inspiró a multitudes


[ 8/7/2011 ]

Silvia Pisani

Corresponsal en EE.UU.

Viernes 08 de julio de 2011 - WASHINGTON.- La emoción ya está en el aire. Pese al mal tiempo, que podría postergarlo todo, miles de personas empezaban a convergir ayer hacia la meseta de Cabo Cañaveral, en el estado de Florida, con la intención de ver un espectáculo imponente: el lanzamiento del Atlantis , el último gran transbordador norteamericano que se lanza al espacio. Se habla de que podría llegar a congregarse más de medio millón de personas; algunos especulan con que serán muchísimos más.

Circunscripta detrás de la empalizada del Centro Espacial Kennedy -a cientos de metros de las torres de lanzamiento-, la multitud será testigo de la hazaña tecnológica que implica poner uno de esos gigantes en el espacio. Asistirán al cierre de una era, el final de una etapa de oro en la exploración espacial.

El lanzamiento corría riesgo de ser postergado por el mal tiempo que imperaba anoche, pero la Agencia Espacial Norteamericana (NASA) informó que tomaría la decisión de seguir adelante o postergarlo en la mañana de hoy. Previsto originalmente para las 11.26 am (las 12.26 en la Argentina), el lanzamiento número 135, como dice el tango, será también el que marque su ingreso en el pasado, ante la decisión irreversible de Washington de poner fin al programa de 30 años con el que consolidó el liderazgo espacial.

De hecho, cuando el Atlantis y sus cuatro tripulantes regresen a la Tierra, dentro de doce días, los Estados Unidos ya no tendrá nave para llevar a sus astronautas a la estación espacial internacional, que orbita alrededor del planeta.Los hombres de la NASA quedarán a merced de transportes de otras potencias; entre ellas, Rusia.

Los hombres de la NASA que quieran llegar a la estación espacial -en la que participan 16 países- quedarán a merced de transportes de otras potencias; entre ellas, Rusia.

'Una situación de ese tipo era impensable cuando el programa nació', recordó Valerie Neal, responsable del Museo Nacional del Aire y el Espacio, de esta ciudad, en una visita con corresponsales extranjeros, entre ellos, LA NACION.

Los transbordadores comenzaron su larga carrera en los años 70, como sucesores de la serie Apolo, con la que Estados Unidos logró ponerse a la vanguardia de la carrera espacial con la llegada del hombre a la Luna.

Los grandes transbordadores, que ahora llegan a su fin, fueron en realidad 'la segunda era de los vuelos espaciales', después de los viajes del programa Apolo.

Representaron un gran innovación. Fueron las primeras naves diseñadas para ser utilizadas en varias ocasiones, en lugar de destruirse en algún punto de su recorrido, como ocurría con sus predecesoras.

'Una nave reutilizable y capaz de volver a la Tierra, como un avión', explicó la curadora.

El programa fue aprobado por el ex presidente Richard Nixon en 1972, apenas 15 años después de que la Unión Soviética lanzara el primer satélite artificial, el Sputnik, que marcó el amanecer de la era espacial. Era la época de la Guerra Fría y Washington no estaba dispuesto a quedarse atrás.

Fueron construidos como un 'camión de carga', aunque finalmente se convirtió en el 'ferry hacia la estación espacial', dijo Neal.

Tardó casi diez años en ver la luz y, para entonces, las cosas ya habían cambiado. El vuelo inaugural lo realizaron en abril de 1981 los astronautas John Young y Robert Crippen, a bordo del Columbia.

En total, se construyeron cinco: el Challenger, el Discovery, el Columbia, el Atlantis y el Endeavour. El que marcó el momento más triste fue el primero de ellos, que estalló en vuelo en 1986, en un accidente que les costó la vida a sus siete astronautas; entre ellos, a Christa McAuliffe, que iba a ser la primera maestra que llegaría al espacio.

La misma suerte correrían luego los siete tripulantes del Columbia, que se desintegró al regresar a la atmósfera, en 2003. Eso fue lo que llevó al ex presidente George Bush a pensar en el final de la serie.

'Con todos sus logros, siempre fue un proyecto controvertido', admite Neal. Nunca llegó a suscitar la simpatía del Apolo y, si bien contabilizó 135 vuelos en 30 años, nunca cumplió el sueño de convertirse en un transporte espacial confiable y barato que pudiera volar poco menos que una vez a la semana, tal como señaló Nixon al firmar su creación.

El espacio para gente común

Se suponía que el transbordador llevaría a gente común al espacio con tanta comodidad que no tendrían que someterse a años de entrenamiento, como los astronautas de la NASA.

Hubo algunos afortunados que sí se subieron -algunos políticos, un príncipe saudí y varios civiles con mucho dinero-. Pero todo eso terminó con el estallido del Challenger. 'Los cinco o seis vuelos de media hora que se hacían anualmente tampoco resultaron tan accesibles como se había pensado', recordó, en tanto, el historiador jefe de la NASA, Bill Barry.

El final llega porque los transbordadores resultan demasiado antiguos y caros como para mantenerlos en vuelo. Además de la historia, su próximo destino es el museo, mientras la NASA promete lanzarse a proyectos 'de más largo alcance' y 'mayor desafío' (ver aparte).

La agencia afirma que cada despegue cuesta cerca de 1000 millones de dólares. Observadores privados estiman que el costo es bastante superior a esa cifra, de acuerdo con una reciente investigación de The Economist .

El final llega con la melancolía de los adioses. 'Es triste, claro que es triste. Yo estuve en uno de sus vuelos y me da pena pensar que ya no podré verlo volar nunca más', dijo José Hernández, el primer astronauta de origen hispano, a un grupo de periodistas.

'Voy a estar muy triste cuando termine el último vuelo -coincidió Barry-. Me encanta el programa, siento verlo alejarse, pero creo que es hora de dejarlo ir', añadió, convencido de que este programa que inspiró a las multitudes fue otro gran salto para la humanidad.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/




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