[ 5/8/2012 ]
Publicado el 4 de Agosto del 2012
Las malas costumbres, se convierten en malos hábitos, luego en vicios y adicciones tóxicas, o en un estado de agresividad o violencia continua.
Una buena rutina en las cosas importantes, suele producir una excelente costumbre, que se traduce en un buen hábito, que pasa a convertirse en una virtud. Esa cadena empieza con los abuelos, se afianza con los padres y se queda grabada, se incrusta en la mente de los nietos. La educación de los hijos, empieza con la de los abuelos. Algunos padres no aceptan, bajo ningún concepto, que alguien les comente las malas costumbres que están inculcando a sus hijos, ni explicándoles, que esas malas costumbres, se convertirán en malos hábitos y posteriormente, en vicios y adicciones toxicas. Consideran que cualquier objeción que se les haga, sobre la forma de educar a sus hijos, es una intromisión inaceptable en la vida privada de su familia. Esos padres se enrocan como en el ajedrez y se cierran como las conchas, no queriendo oír nada de lo que les dicen, o en muchos casos, discutiendo agresivamente con el mensajero, para no escuchar el mensaje.
• Las 10 frases más usadas por algunos padres, para justificarse ante la mala educación que dan a los hijos:
1. Ahora la vida es así y lo que me dicen, era para otros tiempos. Hay que modernizarse y vivir con la realidad actual.
2. De jóvenes que hagan lo que quieran, cuando sean mayores, la vida les enseñará.
3. Aunque nos critiquen, les damos todo lo que nos piden, porque nosotros no lo tuvimos.
4. Esos que aconsejan, no sabes nada de psicología ni pedagogía moderna.
5. La práctica de las virtudes y valores humanos, son cosas antiguas que ya no se llevan. No sirven para triunfar, en esta competitiva vida.
6. Los hijos necesitan vivir en el mundo actual, haciendo y teniendo lo mismo que sus amigos y vecinos.
7. Mi mujer y yo, ya sabemos como educar a nuestros hijos.
8. No “le damos todos los caprichos”. No vamos a pasarnos la vida llevándoles la contraria y enfrentándonos a sus peticiones. Menudo sufrimiento para ellos y para nosotros.
9. No entienden a la juventud actual. Es totalmente diferente a la suya.
10. No es que los hijos se salgan siempre con la suya, es que tenemos que permitirles que se expresen como quieran, para que afiancen su personalidad.
Los hijos no son responsables de la mala educación, que reciben de sus padres. Cuando se comportan mal, hacen imposible su convivencia con las personas mayores y otros niños. Casi siempre suele ser debido, a que sus padres les acostumbraron mal y esas malas enseñanzas, se convirtieron en hábitos de convivencia e insociabilidad. Posteriormente cuando esos hábitos se convierten en vicios y adicciones tóxicas, ya no hay remedio, o por lo menos es muy difícil llegar a eliminarlas. ¿Quién ha tenido la culpa? Los padres, por haber educado mal a los hijos, aunque quienes más lo sufren, son los niños.
La raíz de la responsabilidad educativa de los padres, está en aportar a los hijos los conocimientos necesarios, para que la rutina, la costumbre y los hábitos cotidianos, no sean aburridos, monótonos, ni pesados y puedan convertirse en virtudes y valores humanos. La irresponsabilidad de los padres empieza, cuando no quieren, no saben o no pueden influir a sus hijos, en que tengan buenas rutinas, costumbres y hábitos, permitiendo que los hijos, se asilvestren dentro de la sociedad. ¡Qué pena da ver a un niño o a un joven mal educado, por desidia de sus padres! Al final los que pierden y se lo pasan mal, son los dos.
Los estudiantes prosperan si tienen unas buenas rutinas, costumbres y hábitos de estudios. Los deportistas para poder competir y tener éxito, tienen que acostumbrarse a practicar todos los días su rutina, aunque no les guste, pues es la que les llevará al éxito. Los laboratorios y técnicos, no se pueden cansar de hacer ensayos y más ensayos, modificando los errores que se produzcan, hasta alcanzar los objetivos propuestos.
Los padres deben abstenerse de tomar las decisiones, que les corresponde tomarlas a los hijos, según su edad física y mental. Nunca deben darles, todo lo que necesitan y mucho menos, lo que quiere. Tienen que dejar una parte, para que los hijos hagan el esfuerzo de conseguirla. Deben enseñarles poco a poco y en función de sus edades, que se acostumbren a realizar su propio esfuerzo y a tomar sus decisiones, soportadas en la educación y los consejos recibidos de los padres. Los hijos tienen que aprender a distinguir, entre lo que quieren y lo que necesitan.
Enseñarles siempre, en relación con su edad física y mental y con la ayuda que precisen, a que rutinariamente se hagan cargo de sus cuerpos, mentes y pertenencias. Dándoles también la libertad, para que hagan sus propias elecciones, de lo que quieren ser, hacer y tener, dejándoles que asuman los riesgos que esto conlleva, pues los errores, son las mejores fuentes de aprendizaje.
Otros responsables en la educación de los hijos, como son los maestros, consejeros, etc. se cansan de hablar con los padres, sobre las desviaciones educativas que están viendo en los niños, motivadas por seguir las costumbres, ya convertidas en hábitos de sus padres. Hay hijos que se han acostumbrado a vivir demasiado bien y lo consideran, como una obligación de sus padres. Ya han convertido la costumbre, en hábito de recibir todo sin ningún esfuerzo. Es decir: Recibir y recibir, sin dar nada a cambio. No dar ni el buen comportamiento, que se espera de ellos. Incluso hay muy buenos hijos, que son como las vacas lecheras: Acostumbran a sus propietarios, a darles todos los días buena y abundante leche, pero de vez en cuando sueltan una coz y tiran el balde, que estaba lleno. Hay que volver a enseñarles, que eso no se puede, ni debe hacer.
Las 12 principales rutinas, costumbres y hábitos que deben fomentarse en:
1. El acatamiento de las leyes de la naturaleza, la cual está a disposición de los hombres. Tenemos el derecho al uso, pero no al abuso.
2. El ahorro financiero y no en el despilfarro.
3. El cuidado de la salud propia y de la familia.
4. El respeto a las personas mayores en edad, dignidad y gobierno.
5. La comunicación, de la mejor manera posible, con sus familiares y amigos.
6. La enseñanza y realización, de las prácticas religiosas.
7. La forma de alimentarse, vestirse y comportarse.
8. La forma de consumir lo que se necesita, no lo que se quiere.
9. La organización de los trabajos, en la casa o fuera de ella.
10. Las normas de educación familiar y social.
11. Las relaciones con los otros familiares: Abuelos, padres, hermanos, primos, tíos, etc.
12. Los sistemas, horarios y formas para estudiar.
Cuando los hijos ven, que los padres tienen la mala costumbre de no acordarse nunca de los abuelos, o de criticarles delante de ellos, es lógico que eso se convierta en un hábito, conducta o propensión a imitarlo, cuando sean mayores. De ahí viene el desarraigo de las familias, que muchas veces inconscientemente, fue sembrado en los hijos y luego pasado, de generación en generación.
Hay muchas familias apodadas “la familia 3 minutos” que debido a sus grandes ocupaciones, únicamente tienen semanal o mensualmente, 3 minutos entre todos para llamar a los abuelos. Eso los nietos lo ven, lo oyen y lo archivan en su mente, asumiendo que los abuelos, no son para llamarles y atenderles. Son algo que se tiene, para recibir regalos o felicitaciones y así poder presumir con otros niños, que por las razones que sea, no los tienen o los tienen múltiples, debido a los divorcios de sus padres.
Existen una serie de normas, que tienden a proteger a los más débiles en la familia, que son los hijos. Esas normas de cuidado y apoyo, van desde protegerles de sus mismos padres, si tuvieran intereses contrapuestos en las costumbres, hábitos, la práctica y enseñanza de las virtudes y valores humanos, hasta el cuidado de su salud y la formación religiosa, escolar y social.
Fuente: www.micumbre.com