El buen descanso como vía principal para lograr un óptimo rendimiento académico

Durante las horas de sueño comienzan a funcionar los procesos mentales vinculados a la cognición. Según expertos, las mejores horas para estudiar se encuentran entre el mediodía y las 5 de la tarde.




Por Matías Russo
@matiasfederusso

:: Argentina ::

Suele ser muy común, entre los alumnos, sacrificar las horas de sueño para dedicarlas a mirar series y películas, o divertirse por diferentes medios tecnológicos como las computadoras, celulares o tablets. También son habituales los casos de estudiantes que prefieren afianzar el estudio de cara a los exámenes y dormir menos. Pese a que en este último caso es por un propósito favorable, sigue siendo un error no destinar mucho tiempo al descanso. Simplemente porque si la mente no descansa, la mente no aprende.

La importancia de las horas de sueño gira en torno a las edades de los alumnos y a la concentración para un óptimo desarrollo. Estas dos variables son indispensables para lograr acarrear un equilibrio adecuado. Algunas teorías aseguran que lo ideal es dormir después de estudiar ya que, al descansar, la mente limpia toda aquella información que no le sirve ni al cuerpo ni al cerebro, debido a que elimina todo lo que estaba en la memoria a corto plazo con el objetivo de dejar mayor espacio libre para los datos. Además, pasar una noche sin dormir puede disminuir la capacidad de almacenar información.

Dos grandes establecimientos educativos de Estados Unidos revelan los resultados tras una serie de análisis al respecto. En primer lugar, la Universidad de California, cuya sede se sitúa en Los Ángeles, manifiesta que el rendimiento óptimo se logra cuando hay una estabilización entre las horas dedicadas al estudio y a dormir, y determina que las horas de sueño pueden ser determinantes para el éxito académico. En cuanto a la Universidad de Notre Dame, devela que la memoria de lo aprendido era superior en los que habían dormido justo después de estudiar, respecto de los que habían estudiado tras un día de vigilia. Ambas investigaciones complementan profundamente las características propias del buen descanso y dejan en evidencia lo significativo de dormir bien.

Por otro lado, existen horas más convenientes para el estudio, y otras más favorables al descanso. A raíz de un estudio en el Hospital Quirón de Valencia se llegó a la conclusión de que las mejores horas para estudiar se encuentran entre el mediodía y las 5 de la tarde. Para ello, la investigación se basó en el reloj biológico de 632 niños, donde se fijaron las horas de mayor y de menor concentración. Finalmente, los expertos coincidieron en que las primeras horas del día no son las más adecuadas para el estudio, puesto que aún se está bajo los efectos del sueño.

Otro factor clave producido durante el descanso son los procesos mentales complejos vinculados a la cognición porque las neuronas no se apagan durante el sueño, sino más bien se activan las áreas del aprendizaje y memoria. Y esto entra en una clara relación con el estudio, ya que existen tres principales razones para evitar instruirse en las últimas horas del día: el cerebro está cansado y trabaja con menor rendimiento, es difícil dormir bien tras estar sometido a la presión del estudio o después de haber tomado algún estimulante, y estudiar a primera hora de la tarde permite dar respuesta a cualquier imprevisto.

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