Darnos permiso

A veces nos toca sufrir.



Vivir el dolor propio o ajeno. La angustia se hace realidad. No es neurosis.

Entonces llegan tiempos de oscuridad, donde no logramos ver la salida. Se hace la noche.

Y buscamos, buscamos y seguimos buscando en nuestro interior, donde están las razones y las raíces de esa angustia que no nos permite vivir como éramos.

A veces encontrar la luz lleva días, semanas o meses, hasta descubrir el origen de la desesperanza. Y cuando lo logramos, vuelve la paz, volvemos, renacemos.

No sé si es una moraleja, pero si lo fuese, diría que hay que darse permiso para no sentirse bien.

Que los que nos rodean sepan que estamos viviendo malos momentos que no podemos explicar.

Hasta que un día, descubrimos lo que nos pasó o pasa, lo aceptamos con resignación y templanza y volvemos a la vida en paz.

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