[ 19/4/2012 ]
19 de abril 2012
La realidad es que no sabemos la razón o lógica de las decisiones de los funcionarios. Cuando había que nacionalizar, todos nos mostraban las bondades y beneficios de pasar del estado ineficiente a la empresa privada victoriosa.
De pronto, cambian los vientos, y nos vuelven a explicar lo mismo, pero al revés. Es decir las bondades de volver a estatizar o expropiar una empresa privada.
¿Y los controles?... ¿Qué pasó y qué pasa con los controles, de esos organismos o empresas privadas? ¿Cómo poder saber si lo que se hace en cada momento es lo correcto?
Otro elemento tiene que ver con las formas, el vocabulario, la manera de festejar acontecimientos dolorosos. ¿Quién no recuerda los aplausos y gritos de apoyo, cuando en su corto mandato, el entonces Presidente Rodríguez Saa, le dijo al pueblo que no se pagaría la deuda externa? (o algo similar)...
Las frases comunes desorientan, confunden. “El que apuesta al dólar pierde” , “Vamos a devolver en la moneda depositada”, “El corralito de Cavallo”, “Los viajes al espacio desde La rioja”, “El Austral” o “El desagio” , las miles de personas en la plaza de Mayo “pidiendo la guerra por Malvinas a Galtieri”, sólo para nombrar algunos ejemplos.
Nunca sabremos la verdad, como en los “atentados de la AMIA o la Embajada de Israel”... los jueces y fiscales presos y ningún detenido.
Podemos pasar de lo sublime a lo ridículo, sin saber el porqué. Es un serio problema.
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