[ 5/6/2012 ]
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jueves, 31 de mayo de 2012/ Santiago del Estero/Argentina
Todos piensan en cómo deberán superarse los problemas que nos afligen, y si, efectivamente, se tomarán decisiones para que al país le vaya más o menos, pero no peor. En este sentido, de lo que se trata es de empezar a asumir la realidad y no escaparse de ella o desconocerla. Se trata de aceptar los males, asumirlos y buscar las soluciones, sin parches, sino con suturaciones.
De cómo se sepan manejar los grandes problemas nacionales, dependerá nuestro futuro. Lo peor es negar la realidad. El país no puede seguir debatiéndose en medio de paradojas y contradicciones llevadas al colmo. Por eso se ha hecho difícil formular análisis y recetas valederas, porque se ha estado hablando en idiomas diferentes.
En ese camino con escollos, hay que tratar de descubrir dónde están las fallas para corregirlas; saber qué medidas se impondrán frente a una realidad discontinua. Y con todo lo que ha ocurrido a raíz del largo conflicto entre el campo y el Gobierno, nos preguntamos si se logrará superar los enfrentamientos, las posturas cerradas, e iniciar un camino de coincidencias y esfuerzo común.
Es importante escrutar la realidad. Si estamos ante una de las últimas oportunidades de construir una democracia efectiva, los gobernantes y los políticos tienen la obligación de analizar profunda y exhaustivamente esa realidad -una realidad que no deja de ser triste-, y saber qué vamos a hacer para que la vida de la República sea saludable.
No es el caso diluirnos en puras manifestaciones grandilocuentes sobre la marcha de la economía, mientras la inflación carcome.
Las manifestaciones deben estar acompañadas de un real compromiso de superación, para que los argentinos encontremos, de una vez por todas, el camino de una reconstrucción nacional sobre las heridas y las crisis del pasado. De nada valdrá ponderar un crecimiento económico y hablar sobre la grandeza de la patria, sin el compromiso y la voluntad cierta de construir entre todos esa grandeza de la que siempre se habló, y cuando alguna vez la tuvimos, la perdimos por los desencuentros.
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