[ 13/5/2012 ]
13 de mayo 2012
El mismo sentía gran
alegría en llevar el mensaje de salvación por pueblos y ciudades a
toda clase de personas. Y es la vivencia que tú puedes experimentar,
si por amor te donas a los demás en gestos de servicio humilde.
Un anciano muy pobre se dedicaba a sembrar árboles de mango. Alguien le dijo:
'¿Cómo es que a su edad se dedica a plantar mangos? ¡Tenga por seguro
que no vivirá lo suficiente para consumir sus frutos!'
El anciano
respondió apaciblemente:
'Toda mi vida he comido mangos de árboles
sembrados por otros. ¡Que los míos rindan frutos para quienes me
sobrevivan!
Habitamos un universo espléndido en el que todo y todos
tienen algo que ofrecer. Los árboles dan, los ríos dan, la tierra da,
el sol y la luna y las estrellas dan.
¿De dónde, pues, esa ansiedad
por tomar, recibir, juntar, acumular, sin dar nada a cambio?
Todos
podemos dar algo, por pobres que seamos. Podemos ofrecer pensamientos
agradables, dulces palabras, sonrisas radiantes, conmovedoras
canciones.
Esto será para otros motivo de alegría y felicidad, pero sobre todo
para ti será una fuente de satisfacción y dicha profunda, porque nada
plenifica tanto al hombre como sus gestos de amor gratuito.
Es mi
deseo que experimentes hoy la felicidad de dar. P. Natalio.
Compartido por Marian Benedit