Cuando lo positivo es Tomar Conciencia
La ciudad sin furia
Los argentinos se han acostumbrado a la incertidumbre de no saber que les pasará dentro de una hora, mañana o en diez años


[ 13/8/2012 ]

“Buenos Aires se ve tan susceptible, ese destino de furia es lo que en sus caras persisten”, así Gustavo Ceratti sentía a su Buenos Aires en “La ciudad de la furia”, en la década del ´80. Pasaron tres décadas, los gobiernos, las economías zigzagueantes y se quedaron aquellos rostros de incertidumbre, de los que esperan , de los que constantemente deben volver a empezar, en una ciudad, en un país que se acostumbró, que cambió la furia por resignación.

Si habría que realizar un resumen de la última semana en Buenos Aires, hubo una noticia entre tantas, que signó las portadas, las realidades y la cotidianeidad: el paro de subtes.

Los cruces entre el sindicato y el poder. Los amagues, las acusaciones cruzadas y la ausencia absoluta de conciliación, son los tres pilares del conflicto. Pero, ¿no son a su vez las características de un padecimiento eterno para los argentinos? Los intereses de unos y de otros, las peleas eternas y las soluciones que se convierten en tierra de nadie, son para la Argentina una realidad de la cual ya no se tiene memoria.

La indignación viajó en colectivo, a pie, en taxi sobre un asfalto porteño que ardía de resignación. El peligro de acostumbrarse a la anormalidad, es instaurar el absurdo como pauta.

La resignación es quizá uno de los sentimientos más paralizantes que pueda tener un ser humano, impide el cambio, coarta la esperanza y sólo queda la posibilidad de quedarse sentado en la desesperación, aguardando en silencio que alguien alguna vez revierta el estado de las cosas.

Buenos Aires está en “stand by” persiste una furia contenida, cansada, agotada de tanto transitar por el camino de la doble moral, de los mensajes confusos, de un poder que delega y manda sólo cuando le es funcional a sus propios intereses.

Los argentinos quizá estén al borde de un estado de alienación, ya transitaron la crisis de nervios, de ansiedad, de angustia y se han cansado de desesperar. Hoy se sentaron en el umbral de sus casas a observar lo que pasa con la cabeza gacha.

El cambalache de Enrique Santos Discépolo ya es canción de cuna. La Argentina ha trascendido los “atropellos a la razón”. Habría que encontrar un nuevo nombre o una nueva definición para un país que ya no sabe que hacer con su realidad.

Resignados, cansados y resistiendo, los argentinos se han acostumbrado a la incertidumbre de no saber que les pasará dentro de una hora, mañana o en diez años. Así se vive, en una inseguridad alienante y que adormeció hasta al más furioso.

Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com



Comentarios (1)
JUNO | 14/8/2012
Gracias que argentina no es USA, porque sino un loco trastornado se despierta un dia con ametralladora y se va pa la Rosada.



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