Historias
Historias de amor más allá de todo
Compartimos cuatro experiencias diferentes con un común denominador: el flechazo de Cupido pudo más que cualquier distancia, enfermedad, prejuicio o distancia…


[ 21/6/2012 ]

1. Silvina Moschini (40) y Alex Konanykhin (45)

Ella es argentina y conocida en el mundo empresarial como Miss Internet, debido a su exitosa carrera en ese ámbito, que la llevó a los puestos más altos de importantes compañías en el mundo y que la tiene hoy como referente en la materia para grandes medios como la CNN. Él es ruso, cosmopolita, y en 2007 vivía en Estados Unidos. Hasta aquí, una historia sin nada que llame la atención. Sin embargo, hay varios datos que la convierten en especial: 'Alex me propuso casamiento a las 24 horas de conocerme y yo, sin dudarlo, acepté de inmediato', cuenta Silvina. ¿Otra rareza? Se conocieron a través de un sitio de citas ( Match.com ). 'En mi primera búsqueda ingresé una extensa lista de requisitos de lo que era mi hombre ideal y ahí apareció Alex, con un 99% de coincidencias', cuenta ella. Después de haber chateado por más de cinco horas diarias durante once días, decidieron encontrarse en Miami. 'Yo estaba en Buenos Aires y Alex en Washington', recuerda ella, quien no puede olvidar un detalle que la terminó de cautivar: 'Antes de conocerme, él ya había cambiado la patente de su coche por una con mi nombre (SILVI) y tenía listos los pasajes en primera clase que me llevarían a conocer su casa en Washington. Yo sabía que había encontrado lo que busqué durante toda mi vida. Estábamos locos el uno por el otro'. Así, el destino de esta dama a quien la revista Fortuna había bautizado varios años antes como Miss Internet, en el mismo momento en el que, en otro rincón del planeta, la revista Forbes entrevistaba a Alex como el hombre que estaba haciendo posible el futuro de Internet (su empresa, KMGI, desarrolló los primeros comerciales animados para la Web) parecía estar escrito mucho antes de casarse en una playa de arenas blancas. Sólo había que atar cabos, leer bien las señales y, claro, recurrir al único medio que, parece, podía unirlos: la red de redes.

2. Paola (34) y Trey Bueche (35)

'Nos conocimos en un Irish Bar de Recoleta al que iba todos los jueves con mi amiga María Laura a charlar. Fue en abril de 2000. Ni bien lo vi, me morí', recuerda Paola. 'Trey se acercó y me dijo: ‘Hola. I hope you speak English (espero que hables inglés)’. Hablamos un rato y me pidió el teléfono', continúa ella desde Austin, Texas, donde vive con Trey, su marido desde hace ya casi diez años, y sus dos hijos: Leo y Fiona. '¡Por suerte Paola hablaba inglés, porque no tenía un plan B!', se ríe él, quien estaba en Buenos Aires de paseo con el equipo de fútbol de Estados Unidos. Sin embargo, ella no se la hizo tan fácil. Le dio el teléfono, pero se negó a escribírselo. Lo desafió: 'Si me querés llamar, te lo vas a tener que aprender de memoria'. Y así lo hizo. El 13 de abril, día en el que él cumplía años, tuvieron su primera cita. 'Pasamos una semana juntos y Trey regresó a Austin. Fue muy duro para los dos. Parece loco que sólo una semana pueda cambiar las vidas de dos personas, pero estábamos a full', recuerda Paola. E-mails y teléfono de por medio, la relación prosperó. Antes de irse, él se aseguró de que ella quedara definitivamente flechada: 'Durante una de las citas, Trey tenía puesto un collar con un trébol de cuatro hojas de oro. Se lo sacó, me lo puso a mí y me dijo que él ya no necesitaba más suerte porque me tenía a mí. Yo, a cambio, le di mi collar con mis iniciales', cuenta ella, quien hizo un viaje a Estados Unidos a fines de 2000 para reencontrarse unos días con su amor. En 2001, él decidió mudarse a Argentina. No tenía un plan, pero así lo sentía. Así que decidió vivir un tiempo en Buenos Aires, 'una gran ciudad para enamorarse', asegura. En enero de 2001 ya estaba aquí, compartiendo departamento con Paola. En 2002, se casaron en la Iglesia del Pilar, 'donde dos años antes nos habíamos dado nuestro primer beso', recuerda Trey. 'Al principio, el plan era quedarse en Buenos Aires hasta que yo terminara la facultad, me faltaba un año. Pero llegó diciembre de 2001, el corralito, cinco presidentes y Trey me dijo que así no podía vivir, ya que la devaluación de la moneda lo había perjudicado en su trabajo. Entonces, nos casamos el 2 de enero por civil y el 17 viajamos a Austin. Volvimos a Buenos Aires el 17 de mayo para el casamiento por iglesia', recuerda Paola, quien confiesa que le costó la adaptación y que, al principio, se sentía muy sola. Hoy, sus hijos hablan tanto inglés como español, y celebran el 4 de Julio norteamericano de la misma manera que el 25 de Mayo y el 9 de Julio. 'Leo dice que es argentino también, y tiene un acento porteñísimo, pero odia las empanadas de carne', se ríe.

3. Dolores Pujol (34) y Hernán Rivas (38)

Se conocieron hace quince años, en el cumpleaños de un amigo de Hernán que, casualmente, era el exnovio de Dolores, con quien salió durante dos años. La solicitud de ella de que se sacaran los zapatos embarrados para no ensuciar la casa hizo que se cayeran mal, pero la noche transcurrió y Cupido hizo su trabajo. 'Comenzamos a salir mucho tiempo después de habernos conocido. Pasaron más de tres años. Al principio, para mí, ella era la ex de mi amigo', cuenta él quien, ni lerdo ni perezoso, le preguntó a Dolores si sabía inglés y entonces le pidió que le comenzara a dar clases porque quería mejorar el suyo. 'A partir de ahí comencé a verla de manera diferente', confiesa Hernán, quien asume: 'Para mí el flechazo fue en nuestra segunda cita, que fuimos a ver el episodio uno de Star Wars y a la salida nos besamos de una manera muy intensa. En ese momento nos dimos cuenta de lo que realmente sentíamos por el otro, de que no podíamos evitarlo y de las consecuencias que íbamos a tener que enfrentar. Por supuesto, el hecho de que la relación estuviera casi prohibida le ponía más picante'. Dolores, por su parte, también tiene fresco el momento en que, según dice, terminó de enamorarse. 'Por entonces yo todavía estudiaba Comunicación en la UBA y salía de cursar a la medianoche. Él se ofreció a ir a buscarme y llevarme a mi casa, en Ramos Mejía, pero le dije que no tenía sentido, que me pedía un remís. Entonces, fue hasta la remisería y le dio al chofer un muñeco de peluche con una cartita para que me entregara. Esa idea me enamoró por completo', confiesa. Al principio, para no crear susceptibilidades, se veían en secreto. De a poco comenzaron a contarles a algunos amigos, pero llegó un día en que tuvieron que hacerle frente al exnovio de Dolores. 'Decidimos que se lo dijera yo, ya que ellos ya habían dejado de salir y, en cambio, yo todavía era el amigo', recuerda Hernán. 'Mi ex terminó enojándose más conmigo que con Hernán', suma Dolores. Hoy, ya llevan doce años juntos y, como fruto de su amor, nació Rocío, de once meses. 'Rocío es lo más lindo que me ha pasado en la vida. Cuando me sonríe y me mira con esos ojos grandes que tiene me llena de amor y ternura, y me hace dar cuenta de que todo por lo que pasamos valió la pena', se babea Hernán.

4. María Julieta Grande (33) y Matías Rava (34)

Tienen seis años de casados, pero se conocen desde hace dieciocho y estuvieron doce de novios. 'Yo la vi, se sonrió y dije: ‘esta mujer es para mí’', confiesa él. Desde entonces no se separaron nunca más. Hoy, Julieta tiene Miastenia Gravis (falta de fuerza en los músculos). 'Juli tiene una enfermedad refractaria; es decir, toda la medicación que le dan rebota. Es jodido y por eso tiene traqueotomía y otras intervenciones y no puede comer, no puede hablar, no puede caminar y le cuesta respirar. Afecta a casi todos los músculos del cuerpo, excepto al corazón', cuenta Matías, quien, a falta de la posibilidad de hablar de su mujer, con sólo una mirada y un gesto, él la entiende y le pone voz a las palabras de Julieta. La historia cuenta que en 1993, cuando se conocieron, Julieta estaba bien de salud hasta que cuatro años después le descubrieron la enfermedad. Ella trabajaba, estudiaba arquitectura y él estudiaba abogacía. Una vida como la de cualquier pareja joven. Hasta que ella comenzó a tener algunas recaídas e internaciones. 'En una de las internaciones, en 2004, tuvo un neumotórax y estaba en terapia intensiva. Cuando llego, una médica nos avisa que a Juli le quedaban dos horas de vida, que no encontraban el motivo por el que se estaba desangrando y no podían hacer nada', recuerda Matías. Y suma: 'Se me cayó todo. No imaginé la vida sin Julieta y lo único que pensaba era: ‘No me casé con el amor de mi vida’. Y la insultaba: ‘No te voy a perdonar en tu vida que me dejes’. Ella estaba en un primer piso y yo estaba justo abajo caminando y pidiéndole que me dejara casarme con ella al menos'. Por supuesto, encontraron el motivo por el que se estaba desangrando y Julieta sobrevivió. Ni bien abrió los ojos, Matías le propuso matrimonio. En 2006 se casaron, con una gran fiesta que Julieta se encargó de armar. 'Ella maneja todas mis cosas', confiesa entre risas Matías, quien la mira con esos ojos con los que toda mujer quisiera ser mirada por el hombre del que está enamorada. 'La enfermedad es un tema, pero nosotros estamos muy juntos y tratamos de pasar las cosas de a dos. Nos adaptamos a todo', dice Julieta a través de la voz de su marido. En enero de 2007, tuvo una recaída 'muy fuerte', según recuerda Matías, que la dejó un año en terapia intensiva. 'Cumplimos un año de casados ahí, en el mismo lugar en el que le propuse casamiento', dice él ahora entre risas. 'Que esto es amor, es amor. No tengo nada más importante que Julieta, aunque también, por supuesto, están mis padres, mi hermano, mis cuñados Sebastián y Florencia, que nos apoyan en todo y hasta nos dieron un departamento para que estemos tranquilos', agradece Matías.

Miastenia Gravis,

El diagnóstico dice que esto no es eterno y que puede remitirse, pero no curarse. 'Las esperanzas no se pierden', dice él. Y en esas esperanzas incluyen también las de tener hijos algún día: 'Yo quiero ser papá, pero cuando decidí casarme, decidí hacerlo con Julieta porque yo quería y quiero estar con ella, podamos o no tener hijos. Ojalá Dios quiera que sí, pero hoy no pienso en eso. Hoy pienso en Julieta'. 'Yo trato de darle todo: cocinar, tener la casa bien, estar bien de la cabeza, hacer las compras por Internet, escucharlo, ser su compañera', dice ella, quien confiesa que tuvo que realizar un trabajo diario para despedir algunos miedos como que Matías se fuera de su lado. 'Julieta me da todo lo que un hombre necesita. Todo, todo, todo. No necesito nada más. Yo llego a casa y estoy contento. A pesar de este problema, yo soy feliz', dice él. Cuando uno le pregunta a Matías si se siente una persona especial, sólo tiene una respuesta: '¿Quién? ¿Yo? ¡No! Es simplemente amor, amor por Julieta'.

Julieta es vocera de la Fundación Miastenia Gravis en Argentina y en marzo expondrá las obras que ella misma pinta en Galería del Sol (Barzana 2088, Capital Federal).

Fuente: http://www.revistamaru.com/




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