3 autoengaños que nos impiden alcanzar el éxito

Boicotearnos a nosotros mismos es la salida fácil que nos hace salir de apuros y no enfrentar las situaciones. Cuáles son los 3 autoengaños más comunes y cómo evitarlos.




Por Barbi Alloati
@barbialloati
:: Argentina ::

La manera más fácil de salir de un apuro, de despegarnos de las responsabilidades y de victimizarnos, es el autoengaño. “Este no es mi problema, no es asunto mío”, “ya hice todo lo que pude”, “yo no soy el culpable”.

Todas estas frases funcionan como escudos de defensa ante la posibilidad de vernos atacados por acusaciones externas. Sin embargo, bien se dice que no hay peor mentira que la que nos hacemos a nosotros mismos.

Sucede que autoengañarnos nos distrae de nuestros objetivos, lo que nos impide avanzar y lograr el éxito en cualquier ámbito de nuestra vida. La salida fácil es acusar al otro, es alejarnos de toda posible responsabilidad, es no enfrentar miedos y riesgos, es decir “esto no me corresponde a mí” o “más no puedo hacer”.

La mayoría utilizamos el autoengaño como una herramienta de distracción de aquellas cosas que nos cuesta reconocer o aceptar. Es por eso que admitir que nos estamos boicoteando a nosotros mismos es la tarea más complicada. Pero es el primer paso para proseguir.

Nos podemos preguntar entonces: ¿Qué mentiras estoy diciendo? ¿Para evitar qué? ¿Qué cosas no quiero enfrentar? ¿De qué cosas no quiero darme cuenta? Y de esa manera comenzar a vislumbrar si nos estamos engañando y si caímos en una zona de confort.

Hay 3 maneras de boicotearnos que son tan comunes como fáciles:

Decir que no tenemos ningún problema

Es muy sencillo afirmar que todos los problemas que tenemos a nuestro alrededor son externos a nosotros. Lo difícil es ver que existe la posibilidad de que hayamos aportado para generar esa situación, y escapamos ante esa acusación. “Yo no tengo ningún problema”, “estoy bien”, “yo no fui responsable”.

Esta es una de las mentiras más peligrosas, ya que evitamos ver las consecuencias de nuestros actos, y de nuestra “ceguera” ante esa situación o problema. Al negar nuestra cuota de responsabilidad, evitamos colaborar a su resolución, o peor aún, lo empeoramos.

Preguntas para salir de este estado: ¿Cuál es el problema que me afecta a mi alrededor? ¿En qué medida me afecta? ¿Por qué me molesta? ¿Qué refleja ese problema en mí? ¿En qué pude haber colaborado para fomentarlo? ¿Qué puedo aportar para solucionarlo?

Decir que fue responsabilidad del otro

Esta afirmación es el segundo paso del anterior autoengaño. Primero, afirmamos que nosotros estamos perfectos, y que ante una situación conflictiva no tenemos ni un poco de responsabilidad. Luego, acusamos al de al lado por este problema.

La inocencia que nos autoimponemos es el mecanismo de defensa que encontramos para que no nos pesen las acusaciones. Desde luego, lo más fácil es poner en las manos del otro las responsabilidades y culpas.

Tampoco esto significa que tengamos la culpa de todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero debemos ser conscientes de que probablemente nuestras acciones puedan afectar a los entornos y las situaciones. ¿Por qué es responsabilidad de otro y no comparto la culpa? ¿No tendré una cuota de responsabilidad en lo sucedido? ¿Qué estoy evitando culpando al otro? Estas preguntas pueden ayudarnos a salir de esta zona de confort.

Decir que ya hice todo lo que estaba a mi alcance

Victimizarnos es la salida más fácil. A veces lo hacemos de manera inconsciente, otras veces no. “Hasta acá llego”, “no puedo hacer más que esto”, “ya lo intenté”. Solemos probar una sola vez resolver algún tema, y si no logramos hacerlo, nos rendimos. Incluso, a veces hacemos esto para que otra persona resuelva por nosotros los conflictos.

Este camino fácil se vuelve incluso un hábito. Una manera simple de evitar caer en esta trampa es intentar una y otra vez resolver los imprevistos. Aristóteles decía: “Somos lo que solemos hacer repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito”.

¿Cuántas veces intenté hoy solucionar mis problemas? ¿Por qué no pude? ¿Qué otras cosas puedo hacer para resolverlos? ¿De qué me estoy victimizando? ¿Qué consigo con eso?

El autoengaño es la salida fácil. Pero podemos formar el hábito de salir de la victimización, dejar de acusar a los demás, ver las consecuencias de nuestros actos y, también, intentar las veces que sean necesarias hasta lograr todo lo que queramos.